Tío Alberto (O “De vez en cuando la vida”)

30 de marzo de 2016, al mediodía, se marchó Tío Alberto al barrio que hay detrás de las estrellas. Se fue en silencio, como si quisiera que no nos enterásemos. Sabía que iba a necesitar otra vida para despedirse.

Tioalberto, sin haber sido escritor encumbrado, cazador de elefantes, o vencedor en Las Termópilas, fue nuestro héroe imprescindible en la familia, porque a pesar de haber llevado una vida común, supo vivirla con tanta intensidad y plenitud, que se hizo sabio observando esas pequeñas cosas en las que casi nadie repara.

“♫Tioalbertoooo, Tioalbertoooo, que suerte tiene el cochinoooo♪” le cantaba en versión libre mi padre aquella tarde del 2000 cuando volvió a aparecer. Tras años sin vernos, no solo [re]conocí a Tioalberto, sino a las canciones de Joan Manuel Serrat. Tras ese día vinieron 16 años de “consultas” con cada vez que las cosas se ponían difíciles en la vida.

Tíoalberto siempre tuvo respuesta para todo, porque si algo supo aprender y enseñar sobre la vida, es que el amor va más de comprender que de juzgar.

“No te mueras sin decirme a donde vas” solía decirle cada vez al despedirnos. Y no lo dijo el muy cabrón. Se fue, -quiero creer que en paz- sabiendo que la lección no acaba cuando suena el timbre, sino cuando el alumno le suma a las notas de clase sus propios razonamientos, experiencias y  acciones.

Ayer volví a Serrat. Y no fue su tema se siempre, sino ésta delicia quien me trajo, más que al que fue hasta ayer al mediodía, a quien será por siempre para quienes aprendimos a amar más y mejor, gracias que la vida, de vez en cuando, nos pone el camino a un Tío Alberto.

De vez en cuando la vida
nos besa en la boca
y a colores se despliega
como un atlas,
nos pasea por las calles
en volandas,
y nos sentimos en buenas manos;
se hace de nuestra medida,
toma nuestro paso
y saca un conejo de la vieja chistera
y uno es feliz como un niño
cuando sale de la escuela.
De vez en cuando la vida
toma conmigo café
y está tan bonita que
da gusto verla.
Se suelta el pelo y me invita
a salir con ella a escena.
De vez en cuando la vida
se nos brinda en cueros
y nos regala un sueño
tan escurridizo
que hay que andarlo de puntillas
por no romper el hechizo.
De vez en cuando la vida
afina con el pincel:
se nos eriza la piel
y faltan palabras
para nombrar lo que ofrece
a los que saben usarla.
De vez en cuando la vida
nos gasta una broma
y nos despertamos
sin saber qué pasa,
chupando un palo sentados
sobre una calabaza.

Advertisements

“El prisma de Pink Floyd” (O “Wearing the inside out”)

SKL_0941

– ¿Y tú, mi socio, qué te vas a tatuar?

Volteé mi teléfono para mostrarle. Él abrió los ojos con la sorpresa de quien descubre que le han leído la mente. Tocó a su colega, señaló hacia la pantalla, y el otro chico repitió la expresión antes de mirarse nuevamente y compartir una sonrisa de complicidad.

-Coño, asere –dijo al fin- yo estaba loco por hacer ese.

Es perfecto –me había dicho Oriel alguna vez, desde su mirada de diseñador- En primer lugar porque es minimalista, está hecho de formas puras. Fíjate como el triángulo (las más perfecta de las figuras, dicen) crea un balance en una imagen que aunque no es simétrica se ve equilibrada. Y eso es a nivel formal, porque luego tienes lo simbólico del prisma que descompone un rayo de luz en siete colores -de la unidad a la diversidad sin perder la armonía- …no sé, compadre, es que está encojonao, que es coherente, que esta cerrado, vaya, que esta cerrado, que ahí no sobra ni falta nada. Quien diseñó eso se quedó vacío.

Descubrí a Pink Floyd hará poco más de 15 años. En casa estrenábamos un grabador de CD (!!!) y cargué contra las colecciones de los amigos que mejor música tenían, y en algún viaje, Leandro me coló en la mochila el P•U•L•S•E. Yo solía quedarme en casa los sábados en la noche practicando un ritual que hoy echo un tanto de menos: apagar las luces, abrir todas las ventanas y sentarme a meditar acompañado por las últimas adquisiciones musicales junto a un vaso de aquel vino artesanal –lo mejor al alcance de mi estipendio universitario- que vendían en la avenida 31. Hay instantes a partir de los cuales la vida te cambia para siempre, y uno de los más memorables de la mía fue la noche en que le di play al cabrón CD. Sonó Shine on you crazy diamond, y en algún momento entre el comienzo del largo intro y cuando David Gilmour comienza a cantar, retomé la conciencia y caí en cuenta de que ya no estaba sentado, sino bailando por la casa en penumbras. Yo, que no bailo.

Después Leandro me contaría de una tarde entera mirando el concierto en VHS en casa de Humberto y como acabó tan fascinado que lo rebobinó y comenzó de nuevo; unido a las historias del Humber mismo, quien nos llevaba como 20 años de experiencia en la adición a la banda. Más tarde mi socio Juan Alberto, uno de mis primeros gurús espirituales no solo resultó ser una ¨pinkfloydopedia” sino que su pronunciación exquisita de egresado del Instituto Superior Pedagógico de Lenguas Extranjeras, me metió en el mundo de las liricas -y ya de paso, me hizo caer de lleno en una anglofonía que llevé con pésimas calificaciones hasta ese tiempo-. Luego la vida misma fue poniendo en el camino lunáticos afines con quien comulgar delirios: Carlos Orlando, Luis Raúl, Mayangdi, Nico Palleiro, Rafa, Rache… y contando.

Rabiar de dolor por amores distantes, con los acordes de Wish you where here. Pisar el acelerador a fondo hasta rebasar por primera vez los 200 Km/h bajo los efectos de Run like hell. Salir de la sombra de una nube negra cantando Coming back to life como un mantra. La nostalgia por los amigos hoy lejanos, y los tiempos de rodar por el mundo pobres y felices que viene siempre con High Hopes. Que uno de aquellos aquellos amigos lejanos en la distancia -pero siempre cerca en el corazón- escriba “el viajecito este a Cuba me ha cambiado de varias formas” bajo un printscreen de su teléfono reproduciendo A Great Gig in the Sky. Romper a cantar Breathe, sofocado por la humareda en medio de los morterazos de las Parrandas de Remedios. Hacer el amor en total oscuridad sin más estupefaciente que Shine on you crazy diamond atronando de fondo y llevándote tan lejos del presente como para no recordar los detalles al día siguiente. Quedar atónito al ver como asoma en el horizonte una luna llena enorme en medio de una noche de ventana y vino, mientras suenan las primeras notas de Eclipse…

La música de Pink Floyd es definitivamente mucho mas que música, y vivirla me enseñó cuánto sentido puede tener lo irracional aunque en apariencia no tenga lógica, y ese sentido solo se comprende cuando entran en armonía el sentir, el pensar, y un milagro secreto. Secreto no por alguna conveniencia o censura, sino sencillamente porque no hay forma de explicarlo. Porque es difícil no creer que que “algo” superior existe cuando la luna asoma al horizonte justo mientras suena Eclipse. Vive Dios (Yaveh, Allah, Olofi…) entonces, y tiene hasta sentido del humor, porque en ese momento se ha olvidado el resto del universo y te mira solo a ti, nomás para reírse de tu expresión de sorpresa cuando se te ocurre por un instante que “alguien” te ha leído la mente.

La elección de la portada del The Dark Side of The Moon no fue un capricho post adolescente, ni un acto de rebeldía ni una declaración de Cuba y para el mundo. Aún después de haberlo decidido dejé correr tiempo y caer lluvias para ratificar eso-de-lo-cual-no-me-arrepentiría-nunca. Tras 15 años de frecuentes -y a veces angustiosas- revisiones de mí mismo, poco queda con lo cual me mantengo en plena comunión. Llevar marcado ese prisma es apenas el puro formalismo de dejarme en la piel algo que desde ha mucho llevaba en el alma.

El año de la hormiga

stock_cuba  058

Traen de la mano los finales de diciembre, el imperativo de balancear lo alcanzado durante la ultima vuelta del planeta alrededor del Sol. Uno -quiéralo o no- sucumbe también a esa locura colectiva de principios y finales, como si entre un año y otro, en lugar de un amanecer cualquiera distara un Armagedón hollywoodense con soundtrack épico mientras los créditos anuncian secuela en el 2018. Sin las acostumbradas (sobre)dosis de épica, lírica o drama cierra mi año. No me suena Hans Zimmer, como era ya costumbre, sino más bien música de película europea de esas con historia en apariencia intrascendente pero que igual te atrapa hasta el final.

Mi 2017 fue un año de siembra más que de cosecha; año de cotejar objetivos con las posibilidades reales para conseguirlos; de aprender un poco más a tomarle el tiempo al Tiempo, de consolidar y hacer materia diez años de carrera. Año de arar, en el silencio de la madrugada, mirando mas al suelo para evitar pedruscos y tropezones que al final del surco, cantando en voz baja para no despertar a los que aún duermen… Arar, nomás. Arar como si la vida no se tratara de otra cosa; con la fe de que cuanto se hace con amor siempre produce buenos frutos (aun cuando a veces demoren un poquito). Poco puede verse hoy a simple vista, pero bajo mis botas siento la tierra comenzar a ceder ante las semillas que germinan.

Lo relevante de este año no son los logros en sí, sino todo cuanto hubo que garantizar antes de lanzarse a conquistarlos. Nada de esto lo hubiera conseguido solo. Mis Maestros primero que todo, Bill Gentile y Livio Delgado, con quienes converso menos de lo que quisiera, pero cuyos consejos y tirones de orejas me inspiran a diario para no detenerme. Mis Fantasmas, Yanay Arauz, Alberto Blanco y Alexis Cabezas cuyo brillo de estrellas me siguen orientando aun tras haberse apagado. Si hay cuentas en microstocks fue por un Brandyn Wnukowski que me llevó a visualizarlo como algo posible. “Lugares Comunes | Common Places” fue exhibición y es libro es porque Karla Montalván me trazó un derrotero en la carta nautica de un barco a la deriva. Mi contenido en redes está organizado e integrado  gracias  a Brenda Figueroa, una de las personas más influyentes en mi proyección profesional de este año. Mi sitio web, al que le quedan un par de vueltas de tuerca para estar listo y presentable no existiría de no ser por la paciencia de la bella Claudia Bello y la experticia de Noel Sánchez. El servicio de impresión a demanda de mis imágenes en lienzo que vendrá incluido en él fue resultado en gran medida de los consejos de Daniel Aruca. Más allá de la logística para encausar mis proyectos, es injusto no mencionar a quienes han garantizado un respaldo total e incondicional en la persecución de estos proyectos: Eduardo Saborit y Carlos Enrique García González que soportaron romperles la paz de su apartamento durante dos de los doce meses de este año. Mi gratitud también para mi gente de New York / New Jersey (NO SE MUERAN NUNCA!!!) Jorge, Karen, Elena, Mike Cristina, así como Mainolis, George, Alexei, y Nanda en la queridísima Chicago.

A Karel y a Alain Gutiérrez por cuya ayuda directa o indirecta llego a fin de mes, el mes que llego. A Mauricio y Daniel, por las amenas tertulias, a Eileen; a Alain y Amanda. Amigos “junior” todos llegados en la segunda juventud que al no poder ocupar el sitio de los amigos “senior” que andan por otras tierras me han obligado a extender mi corazón para hacerles sitio a todos. A Orlando Untoria, porque cada vez que no sentamos a soñar pareciera que el mundo pudiera tener arreglo. A los están cerca aunque estén lejos: Etien, Oriel, Jose, Mayangdi, Alan, Mario.  A Ariel y Katia, por Fabi y Dieguito.

Mi amor y mi gratitud a mis familiares y amigos que me sorprenden estando más al tanto de mi a veces que yo mismo. Mi corazón para mi hermana (contigo en la distancia) mis viejos, que han tenido la paciencia de soportar a alguien que va a envejecer sin madurar, pero al menos ha dedicado -mal y tarde- sus 33 años a poner un pie (al menos uno) en la tierra.

A Rachel, mi sangre si hace falta; por ser mi paz, mi pan y mis rosas.

Si este no ha sido un año de trabajo que baje Dios y lo vea. No me quejo: mi respeto para quien realmente corta caña. Sin hijo aún, pero con árbol y libro. Guapeando.

Familiares y amigos, mis mejores deseos para el 2018

Y mi abrazo.

Posible prólogo al incidente de los ataques sónicos a los diplomáticos norteamericanos en La Habana

-Teniente ¿estos micrófonos nuevos trabajan con 110V o con 220V?
-Ay, que se yo, Manolo, búscalo en el manual.
-Lo dejé en la unidad Teniente. Además estaba en chino.
-En coreano, Manolo.
-Chino, coreano, japonés… ¡que más da! Igual no se entiende nada. Bueno, por fin, ¿110 o 220?
-220, que si son de 110 se queman y los que tenemos ya están contados. Y deja de rezongar.
-Hay unos números aqui que deben ser la potencia. Van del 1 al 10.
-Ponla el 10, no sea que después haya que aguantarle la cantaleta al coronel porque no se escucha bien.
-El 10 tiene como un circulito de radioactividad.
-Los coreanos le ponen esa mierda a todo, hasta a la bandera se lo pintan cualquier día. Ponlo en 10 y no jodas más. ¿Se oye?
– A ver… Sí,se escucha fuerte y claro, teniente.
-Bueno, vamonos pal carajo que ahorita llegan los gringos esos y todavía nos agarran en el brinco…

Conjeturas acerca del debate sobre el centrismo en Cuba. (o “Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado”)

NIKON D6012351

En un edificio multifamiliar de Buenavista, esta mañana las preocupaciones de los vecinos eran el bombeo de agua, si correspondía apagón, y los productos normados que llegaron a la bodega. Una vende yogurt que trae del interior, otro es un plomero viejo venido a menos por los años, otra una octogenaria señora de los altos que anda preocupada porque si le suben la tarifa a la casita de ancianos donde pasa el día no le va a alcanzar su pensión. Dos puertas más adelante, el muchachón de la motocicleta rosada presume de estar (sic) “podrío en pesos” mientras su esposa repasa varias veces al día y a todo volumen los últimos hits del reggaetón. Nadie conoce aquí ni a Yoani ni a Iroel Sánchez. (No faltará quien incluso pregunte si son familia). Nadie sabe quiénes son ni Reinier, ni Ubieta, ni Ravsverg.

Hace semanas que la polémica dejó de serlo –si es que alguna vez lo fue-, para convertirse un gallinero. Otra guerra de pandillas protagonizada por un selecto club de criollos con pleno acceso a internet y tiempo suficiente para interactuar con ella. “Verdades como templos” dicen decirse para darse o quitarse la razón tantos sofistas y algún que otro Sócrates cuyas palabras sabias apenas trascienden entre el barullo, la niebla de guerra y las ensordecedoras salvas de artillería. 

En Oriente sigue sin llover, en Centro Habana hay 2.8 derrumbes por día (¿a saber qué carajo es “punto ocho”?) y es una aventura montarse en un P9 o hacer una fila para trámites en estas tórridas jornadas de verano. La comida en el mercado está cara y mala y los medicamentos de la farmacia andan de vacaciones desde hace meses. Y aún no aparece el post que inicie un debate ¿público? sobre las alternativas para reconstruir Centro Habana, sobre colectar el agua en aljibes o acogidas, sobre lo oportuno que sería importar masivamente motos eléctricas de una vez, o microbuses modernos para cambiárselos (crédito mediante) a los almendroneros por sus autos antiguos y muevan así más pasajeros. PROBLEMAS reales, masivos, latentes, no ese tirayjala que no va a desbordar el Almendares y del cual están al corriente poco más que los implicados. ¿Una polémica de la cual se entera un ínfimo por ciento de los 11 millones que somos? Por favor, pongan los pies en la guagua y peguen la oreja al piso, que eso será muy abierto, pero nunca realmente público ni siquiera cuando la gente común tenga internet en su casa, sino cuando hagan un alto en los IMOs, Facebooks y Youtubes para enterarse y -en el mejor de los casos- opinar.  

Basta ya, Alarmistas: Cuba Posible no es la vía de agua que ha de escorar –tanto menos hundir- la nave. Si bien es influyente en el medio académico o intelectual, aún no tiene militantes, acólitos, o votantes para convertirse en una fuerza política que pueda mover la piñata. Eso se gana con credibilidad, y la credibilidad no se gana diseccionando los problemas, sino resolviéndolos. Aún si pasado mañana despertásemos con pluripartidismo en Cuba, a CP no le quedaría de otra que negociar una coalición. Más preocupantes, en tanto a masivos, populares y genuinos serían el partido de los Sin Techo de Centro Habana, el de los Sin Agua en Oriente, o de los apretujados en las guaguas urbanas o los camiones intermunicipales.

“Qué traigo aquí” (O “Inventario de mi mochila en Agosto del 2017”)

A raíz de la exhibición de “Lugares Comunes | Common Places” me han preguntado más de una ocasión sobre mis herramientas de trabajo. Previa aclaración de que no soy de quienes se desviven por artilugios de último modelo hasta tanto los requisitos de entrega de un trabajo no me obligan a hacerlo, resumiría diciendo que en 10 años he sido predominantemente de Nikon, y lo seguiría siendo si tuvieran algo similar a la Fujifilm de la serie X100. De Nikon he tenido la D70, D1x, D200, D90, y D7000, así como la pequeña, pero sorprendente Coolpix P7000. He trabajado eventualmente con las Fuji S3 y S5, así como con Canon 20D, 30D y 7D.

Kako.Zip

Más que la posesión de un modelo en particular de cámara, lo que más satisfacción me produce de mi equipamiento actual es la combinación de herramientas ya no en función de la imagen, sino del flujo de trabajo. Hablo de una pequeña Fujifilm X100, un Microsoft Surface 3 y una tarjeta SD Eye-Fi Mobi Pro de 16 GB que se hacen sitio junto a cables, cargadores y accesorios de bicicleta en una diminuta mochila LowePro Photo Traveler 150. La combinación de estos tres equipos es el resultado de dos años de estudio, prueba y error intentando de reducir en volumen y peso de mi carga habitual (la mochila de un fotógrafo aún liberada de lastre no tiene nada que envidiarle al arsenal de “Q,” o a la cueva de Batman).

Lowepro_Photo_Tr_5049708090952

Todo comenzó cuando leí sobre un fotógrafo de bodas que acudía a los eventos junto a su ayudante portando apenas su cámara, un iPad y un hotspot wifi portátil. Lo atractivo de la experiencia es que su flujo de trabajo no solo era simple, sino rápido, pues mientras el fotógrafo capturaba las instantáneas, su cámara enviaba automáticamente las imágenes al iPad de su asistente, que automáticamente importaba, aplicaba presets, retocaba y exportaba las imágenes sobre la marcha sin apenas levantarse de la mesa. Al final, voilá: fotos listas, cobro en el bolsillo, y que vivan los novios.

Mi presente flujo de trabajo fue concebido respondiendo a la movilidad e inmediatez del fotoperiodismo. Ocasionalmente colaboro con Progreso Semanal, un medio alternativo cubano-americano; y la primera vez que probé parcialmente esta rutina fue en la cobertura del desfile del 2 de enero de 2017 en la Plaza de la Revolución de La Habana. Digo parcialmente porque no lo hice con la Fuji X100, sino con las Nikon D7000 y D90 pues aún no tenía la Eye Fi Mobi Pro, así que las descargas fueron por cable. Esa mañana tuve el placer de acompañar a mi mentor Bill Gentile, (quien, a su vez, se desafiaba a cubrir el evento con su Iphone6 y disparando en blanco y negro, como retomando sus tiempos de reportero grafico en la Centroamérica de los 70´s). Al salir de la marcha, aproveché la pausa de desayuno con Bill, para descargar ambas cámaras, “limpiar” la carpeta de fotos innecesarias o recurrentes y llegar luego a la redacción de Progreso con las imágenes prácticamente listas para ser publicadas.

Desde hace aproximadamente dos años andaba replanteándome ese ideal de fotógrafo hipercargado (mochila enorme, laptop, tres cámaras, trípode, etc.) que me había fabricado en mi época de estudiante, y en su lugar se me hacía más atractivo el minimalismo de portar estrictamente lo necesario para regresar exitoso del tipo de asignaciones que cada vez me son más frecuentes. El tiempo pasó y avanzó la tecnología mientras organizaba mi mente y mis finanzas para el siguiente paso (viviendo y trabajando en Cuba, los ingresos jamás serán comparables a los de alguien que hace lo mismo en otros países, y ni hablar de tarjeta de crédito.) Así las cosas, me volví un visitante frecuente de la sección virtual de artículos usados de B&H, la famosa tienda de Nueva York enfocada hacia los profesionales de audio e imagen.

 

Fujifilm X100

Cosecha del 2010 (la primera de la serie) con un lente fijo de 23mm f.2, equivalente a un 35mm en full frame, con un sensor de 12 Mp.

Er83B

Corrí con tanta suerte que pagué ~$500 por un artículo de nivel de uso “9” poco menos que la mitad del precio de la misma cámara nueva (~$1200). Apenas tenía más de 1000 disparos antes de ser devuelta a la tienda debido a un desperfecto. Lo que no advirtió el usuario anterior fue que el problema de la cámara no estaba en el equipo en sí, sino en el cargador de baterías. Como los cubanos estamos acostumbrados a no tener muchas opciones y a darle más valor al pájaro en mano que a cien volando, decidí quedármela y ordenarle a la misma B&H un cargador Wasabi que además venía con 2 baterías adicionales.

La X100 se adapta perfectamente a mis necesidades para la fotografía periodística documental y urbana. El lente equivalente a un 35mm es muy versátil y cubre con dignidad los escenarios de trabajo más frecuentes. Suelo decir en su defensa que la mayoría de las buenas fotos de la primera mitad del siglo XX fueron hechas con ópticas de 35mm, así pues, por qué creer que necesitamos mucho más para seguir la tradición. La es cámara es pequeña, ligera y discreta en contraposición a la D1X que a veces funcionaba por sí sola como credencial de prensa, pero en otras era totalmente intrusiva e intimidante. El toque retro y la elegancia de la X100 es en sí mismo un foco de interés, respeto y simpatía los mismos que en otro caso se asustarían ante una DSLR enorme.

images

EyeFi Mobi Pro

Como la X100 no tiene función WiFi (modelos más recientes sí la traen incorporada) me decidí con ciertas dudas por la EyeFi Mobi PRo de 16 Gb (~$55) tras haber valorado las ofertas de Toshiba y Trascend y un clon fabricado por alguna ininteligible marca china.

Ninguno de los reviews que que leí ponían las manos en el fuego por ninguna, así que la Mobi Pro fue casi un salto al vacío que a los efectos cumplió mis expectativas. (Se trata de la “Pro” porque es las Mobi sin “apellido” no transfieren archivos RAW.)

tarjeta wifi Eyefi Mobi Pro 32Gb fuji fujifilm (4)

La tasa de transferencia es algo lenta, pero no trabajo precisamente bodas o deportes que requieren de muuuuchas fotografías (para esos casos me guardé una Nikon D7000 y su respectivo cable de descarga). La capacidad tampoco fue un problema en mi caso, pues no suelo regresar con más de 200 imágenes por día. Adicionalmente, los archivos se pueden ir borrando de la tarjeta en la medida que esta trasfiere las imágenes de manera inalámbrica.

“Keenai” el software de sincronización con la PC, así como la app de Android son intuitivas y sencillas de configurar. Con respecto a la app, cuando existe la posibilidad de un plan de datos con acceso a internet -preferiblemente sin restricciones de espacio- puede descargar las fotos y automáticamente enviarlas a una nube (solo JPEGs). En Cuba los datos están limitados por el monopolio estatal de telecomunicaciones a una cuenta de correo electrónico que por demás cuesta ~$1.10 el MB de tráfico, así que la transferencia de archivos es prácticamente impensable. Me conformo entonces con usar la opción que ofrece la app de Kennai para insertar los datos de geoposicionamiento en los metadatos de la imagen recién tomada (es necesario tener encendidos el GPS y la WiFi en el teléfono)

    Microsoft Surface 3

    Comprado como refurbished (reconstruido) por ~$450 en noviembre de 2016 en BestBuy. Procesador Intel Atom 1.60Ghz, 2 Gb de RAM, 128 Gb SSD, Windows 10. Aún siendo más pequeña y menos potente que la laptop Dell que tuve anteriormente, el Surface 3 conquistó mi preferencia, al punto en que tras cinco meses de vendida la Dell en contadas ocasiones he echado de menos su Core i5 y sus 8 Gb de RAM. Pequeño, ligero y versátil, adaptable a la mayoría de las circunstancias, el Surface 3 se las ha apañado para no hacerme quedar mal hasta el momento.

    Surface-31

    La parte que corresponde al Surface 3 en mi rutina de trabajo es la de permanecer encendido mientras disparo para ir importando automáticamente a través de Keenai. Si el trabajo tiene cierta premura para su entrega, activo una opción de Adobe Lightroom para mantener vigilados los cambios en la carpeta de descarga. LR, a su vez, importa a una nueva carpeta incorporando mis ajustes predeterminados y en ese caso solo quedaría exportar a JPEG para que las imágenes estén listas. De cualquier manera, esto no es lo que hago la mayoría de las veces, pues aún LR no me seduce más que la combinación Adobe Bridge – Camera Raw – PhotoShop, manteniendo a LR como una herramienta alternativa. Aún así es un gran alivio llegar a casa y no perder media hora descargando imágenes, cuando ese tiempo fue adelantado sobre la marcha.

    Del Surface 3 me gustan:

    • Las dimensiones, exactas para que no se sienta demasiado grande para un tablet ni demasiado pequeño para una laptop.
    • Revestimiento de magnesio, que lo hace sentir robusto.
    • Windows 10, y la posibilidad de instalar Photoshop o Lightroom, a diferencia de la versión limitada de Lightroom del iOS de un iPad quien hasta donde conozco, no admite PS.
    • No tiene componentes móviles como HDD (en su lugar tiene SSD) o ventiladores de enfriamiento, así que el consumo en el modo de ahorro rebasa las 6 horas.
    • Tiene la portabilidad de un tablet, el rendimiento de una laptop modesta, y si se acopla a un dock station conectado a un monitor se convierte en una PC. O sea: 3 en 1.
    • La definición de la pantalla, que tal vez no es una retina, pero no hace quedar mal.
    • El puerto USB 3 que permite compartir información fácilmente y al cual se puede acoplar además un hub con varios USB y/o una entrada de cable de red RJ45. (OJO, no soporta dos HDD externos al mismo tiempo -en ese caso es necesario acoplarlo al dock, que sí tiene USB 2.0 (X2) y USB 3.0 (X2), salida de video Mini Display y puerto de red RJ45-)
    • La salida de video Mini Display a la cual se pueden acoplar un adaptador de VGA / DVI / HDMI, para multiplicar las posibilidades de mostrar el trabajo)

    2bf098c1-c928-4e1c-8f31-dae1d35f3bb0

    Próximo nivel

    Hace casi 10 años mi entrañable amigo Etién González se recibió de médico como graduado más integral de la Ciudad de la Habana, por lo cual fue estimulado con el otorgamiento directo de la especialidad de Medicina Interna sin necesidad de cumplir con los 2 años obligatorios de Medicina General Integral.

    -¿Qué se siente –le pregunté esa noche- saber que estás entrando en un mundo donde por mucho que sepas siempre hay alguien sabe más que tú?

    -Mira –respondió- es como el boxeo: Tu no puedes aspirar a vencer a un Peso Completo siendo tu un Peso Pluma. Uno lo que debe es tener clara cual es su categoría y tratar de mantenerse en el ranking de sus kilos.

    (Una frase para la vida, y de un alcance muchísimo mayor que justificar la presente idea, pero vino al caso y estaba loco por escribirla, pues sea como sea, este blog es para el hijo que aún no tengo)

    Decía… que independientemente de lo satisfecho que me encuentre de mis equipos, estoy consciente de que –tecnológicamente hablando- aún estoy en el año 2013. Como ya dije arriba, el progreso ha seguido su curso y ha provisto al mercado de productos con mayores prestaciones, y en consecuencia los requisitos de entrega también se han hecho más estrictos. El día en que la Vida, las condiciones de entrega o la obsolescencia programada me obliguen a invertir en nuevos juguetes, andaré mirando:

    • El Surface Book en tanto a sus prestaciones y versatilidad, pensando ya en trabajar imágenes más potentes y editar video, cosa que sí me cuesta un poco de trabajo en el Surface 3.
    • Una nueva Fuji X100, tal vez con un modelo ya de 16Mp -que me permita aplicar al concurso de Hasselblad, por ejemplo-. Adicionalmente me gustaría probar con las mirrorless de Fuji, pero de momento no son nada que me quite el sueño. Consideraría regresar completamente a Nikon si de puro milagro me leyeran la mente e hicieran una mirrorless con el cuerpo de la extraordinaria, pero inoportunamente llegada Nikon SP y tuviera prestaciones similares o superiores a la serie X100.

     

    Postdata

    A estas alturas habrá quien se pregunte por qué no he mencionado marcas como Apple o Sony. Independientemente de que haya dicho alguna vez que “el día que me compre un iPhone me compro la caja de manzanas completa” los productos de la gente de Cupertino no son muy funcionales en la Cuba bloqueada y desconectada del 2017. Independientemente de ello, los nuevos artículos de Microsoft de quienes me burlé alguna vez por caros (Microsoft “suffer”, solía decirles) me han hecho sentir muy a gusto.

    Con respecto a Sony, sobre todo en tiempos de que su tremendísima ɑ9 que anda cosechando sonrisas gracias a sus prestaciones –y a la plata que esta inyectando Sony a su publicidad -, solo puedo decir como Joan Manuel Serrat “me gusta todo de ti, pero tú no”. Tanto así con Canon, que sencillamente es como la rubia hermosa del vestido rojo a la que miran todos me nos tú, que no le puedes quitar los ojos a la trigueña del vestido negro. El cielo sabrá por qué, pero contra gustos no hay disputa.

    Así de simple.

    Palabras de inauguración de la exhibición “Lugares Comunes | Common Places” en la Fábrica de Arte Cubano

      CommonPlaces2017_013

    Buenas Tardes.

    Al decir del reportero gráfico sudafricano Joao Silva, la fotografía tal vez no puede cambiar al mundo, pero sí puede cambiar la forma en que las personas lo ven, y en cuya consecuencia actúan.

    Plantea el profesor Louis A. Pérez que la relación entre norteamericanos y cubanos siempre fue espontánea mientras no se forzara, pues en ese caso la mano extendida se convierte en un puño en guardia. Lamentablemente este ha sido el rasgo predominante –aunque no exclusivo- de  más 200 años de vecindad donde las contingencias han conducido a dar respuestas simples a realidades complejas. Nada ha resultado más práctico entonces para dividir dos naciones que recalcar sistemáticamente sus divergencias, como para que se excomulguen entre sí de los valores de los cuales presumen.

    “Lugares Comunes” no es un mero “aquí” vs “allá” sino una reflexión sobre las similitudes y diferencias entre el acontecer de ambos pueblos. Y de balance se trata, como deseando cerrar las brechas entre la realidad y la fabulación que persisten en ambas partes a través de arquetipos como El Cubano Pete, Mickey Mouse, Ricky Ricardo, El Capitán América.

    De balance se trata, como si de una vez y por todas fuera posible llegar a conocernos, a respetarnos y a sabernos los límites sin que ello impida mirarnos como seres humanos que comparten el mismo aire, luchan por conseguir sus sueños, y se preocupan por igual por la felicidad de sus hijos. No hay convivencia sin paz; no hay paz sin respeto; no hay respeto sin conocimiento. Porque vecinos somos -querámoslo o no- y el futuro de la convivencia a la cual estamos obligados (como mínimo por la geografía) radica en conocer bien al Otro y aún mejor a uno mismo.

    Muchas gracias.

    Inv