Apuntes para mi autobiografía: “El Desierto” de Jorge Luis Borges

Antes de entrar en el desierto
los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.
Hierocles derramó en la tierra
el agua de su cántaro y dijo:
Si hemos de entrar en el desierto,
ya estoy en el desierto.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es una parábola.
Antes de hundirme en el infierno
los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.
Esa rosa es ahora mi tormento
en el oscuro reino.

A un hombre lo dejó una mujer.
Resolvieron mentir un último encuentro.
El hombre dijo:
Si debo entrar en la soledad
ya estoy solo.
Si la sed va a abrasarme,
que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.
Nadie en la tierra
tiene el valor de ser aquel hombre.

Yanay, y su eterno retorno (O “8 años sin ti, contigo”)

FB_IMG_1578891458989

-Se acabó Yanay. – dijo Myriam saliendo de la sala de Cuidados Intensivos y el Tiempo, tras haberse tensado al límite durante aquellos días, finalmente se detuvo. El valor y la entereza que habrá juntado una madre que acaba de perder a su única hija para poder articular esas tres palabras es  algo que sencillamente trasciende cualquier medida humana o divina.

A esas alturas de la tarde, más allá de que supiéramos cómo iba a terminar, aún guardábamos esperanza de que cinematográficamente en el último segundo antes de desconectarla del soporte vital su sistema nervioso emitiera alguna señal. Porque cinematográficamente pensábamos y sentíamos -deformación profesional- los de FAMCA, los del ICRT, los del ICAIC que transitamos juntos por aquel febrero, acaso el más largo de nuestras vidas.

De los días-siglos previos a ese instante jamás olvidaré como Myriam me reconoció al vuelo sin haberme visto nunca antes; la conversación con Mario que selló nuestra hermandad para siempre; el abrazo de Velia, que más que un abrazo era la necesidad de sostenerse de algo firme durante una recaída; el rostro y la mirada de Ana María al recibir la noticia -tan andrógina ella normalmente, cuando no varonil- de repente encarnando toda la delicadeza y la ternura del mundo… A lo largo de aquella tarde gris me daba vueltas y vueltas en la cabeza el final de “Masa”, el poema de Vallejo, cuando todos los hombres de la tierra se juntan y suman todo su amor para darle resurrección a uno solo. Nos miraba a todos, ahí, al pie del cañón, días y noches, sentados en las pocas sillas o a lo largo del contén frente a la UCI del Hospital “Calixto García”. Nunca fuimos pocos. Jamás he visto a tanta gente presente, pendiente de una persona en cama. Porque ese don que tenía Yanay Arauz de aglutinar no se debía a ser linda y buena, sino porque sabía hacer que cada ser humano que tuvo la dicha de conocerla saliera luego a buscar la mejor versión de sí. Ella, en sí misma, era un regalo del Cielo.

-Si un día sintieras -me consoló alguna vez- que gente que te rodea no te alcanza a ver completo o no te quiere en la medida que lo mucho que vales, antes de pensar que eres tú quien está mal, recuerda a las personas extraordinarias que te han querido y las razones por la cuales lo han hecho. Me pregunto si tendría idea de cuántas veces su consejo me ha salvado de la locura (cuando no de la maldita cordura de convertirme en otro ladrillo en el muro). Tanto más cuando la primera persona en quien pienso en esos momentos es ella misma.

Yanay no se acabó esa tarde de febrero del 2012: se quedó a definitivamente en quienes compartimos con ella un trozo de nuestras vidas. Marcharse -ya lo dije antes- acaso fue la más eficaz de todas las formas posibles, de quedársenos a vivir para siempre, en todos y en cada uno.

“Km. 0”, revisited

Ismael Serrano es un cantautor de segunda división. Tiene metáforas imperfectas, rimas forzadas, y puede llegar a ser (muy) cursi. Aún siendo acaso consciente lo anterior, persiste en ser sincero en lo que siente y piensa. Es por eso que a veces -rara y aleatoriamente a veces- los dioses le sonríen, y logra captar y transmitir ciertos estados de ser. O más bien, de sentir.

Y es ahí donde se le hace imprescindible a Kako Escalona, un cronista visual de segunda división, cuyas instantáneas le suelen parecer cutres, ordinarias, vacías de concepto, y deficientes en contenido y forma. Pero …aún consciente de lo anterior, persiste en ser sincero en lo que siente y piensa. … es acaso por eso que a veces -rara y aleatoriamente a veces- los dioses también le sonríen, y logra captar y transmitir ciertos momentos que más allá de lo que pudieran decir el galerista, el documentalista o el diseñador, eso le hace sentir que ese día -al menos ese día- la echó de pinga.

Hace poco más de seis años esta canción e Ismael Serrano le sugirió a Kako el nombre para su blog. Desde aquellos tiempos ingrata e injustamente apenas la había revisitado. Hoy se la trajo de vuelta una inconsciente memoria emotiva. Hay días que se parecen a otros días.

Madrid, deshabitado como mi colchón
El verano en que me hice mayor,
Y ella que ya no llama.
Tanta ciudad y tan poco por hacer,
Gente que sueña su siesta y que
Mira por la ventana.

Gente que miente por un trozo de calor,
Que reza por que pare el ascensor,
Atrapado contigo.
Madres que pierden a sus hijos al nacer,
Buscando entre tus piernas lo que ayer
Han dado por perdido.

Kilómetro Cero,
Respira en el centro de la ciudad
El alma que se pierde al escapar.
Kilómetro Cero,
Comienzo de los días que han de venir,
La lluvia que se derrama por ti.

Bares en los que la calma y la cerveza
Salvan nuestra vida, y mi cabeza
Soñando estar bajo tu ropa.
Promesas que se dicen en la cama,
Luces que se clavan en tu espalda,
Deja que yo te vista ahora.

Bajo unas ruedas mi mala sombra arrojaré,
Quizás así interprete ese papel
En el que soy tu abrigo.
Mujeres que quizás hoy no puedas pagar
Cuestionan con sus labios la verdad
De que aún seguimos vivos.

Kilómetro Cero,
Respira en el centro de la ciudad
El alma que se pierde al escapar.
Kilómetro Cero,
Comienzo de los días que han de venir,
La lluvia que se derrama por ti.

Kilómetro Cero,
Respira en el centro de la ciudad
El alma que se pierde al escapar.
Kilómetro Cero,
Comienzo de los días que vendrán,
La calma que nos trae tu tempestad.

Ulysses Kaneis, a la orilla del año en que se convirtió en un hombre adulto

XE2K6021

Familiares y Amigos:

Esta imagen es una suerte de autorretrato en mi 2019. La silueta que sorprendí por puro azar frente al lago Michigan fui yo durante muchas tardes de meditación. Revisitando a Tomás Sánchez, mi primer referente visual y hasta filosófico: el hombre, diminuto, ante el paisaje, ante la Naturaleza, ante el Universo. Pero ahí, de pie, pequeño, pero ocupando un espacio que le pertenece a sí y a nadie más.

Apenas a unas horas para que termine este 2019, mis palabritas para despedir la ronda, retomando una vez más la fórmula martiana para ir uno por la vida sabiéndose bueno: Amar y Agradecer.

Amar la trama de esta experiencia donde cada segundo ha contado, y más allá de cuál sea el desenlace. Amar lo nuevo que se aprende y lo aprendido que se consolida, para poder enseñarlo luego. Amar las sospechas devenidas en certezas cuando el tiempo les quita lo que les sobraba. Amar saberse en El Camino andando y creciendo. Amarse a uno mismo al descubrirse mejor aún de lo que creía, para saber luego amar más y mejor a los otros. Amar vivir. Amar amar.

Y agradecer. Primero que todo a quienes para mí han hecho sitio bajo su techo y compartido en este tiempo su pan y su vino, Claudia y Noel, Alex y Jorge, Mario y Katia, Jorge y Karen; sofacamas que tuve o tengo, o tendré. A quienes han acompañado y acompañan aún en esta travesía: Carlos Lorenzo y genízaros; los FAMCAeños de la diáspora; Eladio González, Haickell Padrón, señora y cofrades. A quienes siempre estuvieron, aún en la distancia: Anitta, Lamumy, Yanet, Nury, Disamis, Liudmila, Celia, Rebecca, Daniella, Maynolis, Carla (las damas primero); luego el Mae Andrés Obando, Guanche, Mauricio, Daniel, William Gutiérrez, Orlando Untoria. A Alain y Amanda, partners in crime.

Mis fantasmitas, como siempre: Yanay, Alla, Tío Alberto, Alexis.

Mis maestros, como siempre: Livio y Bill.

Mis hermanos de La Luz: Mario, Alan, Mayangdi y mi hijo Luis Pérez. Mis Broders: Etién, Jose Carlos, Oriel. (A Oriel, especialmente esta vez, que si Dios les da las peores batallas a sus mejores soldados el sería General.)

A las espléndidas o cautelosas mujeres que quise o quiero, por el feliz equívoco de haberme elegido. Bienamadas de vuelta de tan inconmensurables maneras (¿de qué otra forma corresponder a semejante privilegio?). Presencias que me han hecho bueno, partidas que me han hecho fuerte.

A Ari y Katia, por Dieguito y Fabi. (Recordadles que la Grandeza y la Fortaleza no son para presumir de ellas, sino para proteger al indefenso y ayudar al débil a encontrar las suyas propias.) A mis abuelas, Magnolias de Acero. A mis padres, abuelos al fin, legalmente hablando más para nada debutantes después de tanto ensayo. A mi hermana, madre (al fin) de esa Isabella ladrona de corazones. La Alegría que dio luz a La Felicidad.

¿Se me olvida alguien? ¡Ah! ¡Sí! ¡Qué cabeza la mía! Así como Time nombra como Persona del Año a Gretta Tumberg, yo tengo también mi propuesta. Más que nadie le debo este año a un tipo ahí llamado Eduardo Saborit que si no tiene el corazón más grande del planeta, es cuando menos quien más y mejor lo ha demostrado en mi puñetera vida. Suyo, y de la pequeña gran Gaby Uratsuka es sin discusión mi 2019 … y cuantas reencarnaciones me toquen en lo adelante. Bien saben lo que digo.

El Amor sigue en brete y el camino a machete. Andando.

Nos vemos por el 2020.

El altar de Vivian Maier.

En la North Ave de Chicago hay un mural inspirado en un autorretrato de Vivian Maier.

Vivian Maier vivió en el siglo XX. Durante 40 años se ganó la vida trabajando como niñera, y en su tiempo libre salía a la calle a hacer las fotos que le gustaba hacer. Nada de tratar de ganarse la vida como profesional de la imagen tratando de sonreír sin deseos, o soportar clientes zoquetes con tal de llegar a fin de mes. Apenas unos meses después de morir sus impresiones y negativos, encontrados en un espacio de almacenamiento cuya renta había expirado, fueron sacados a la luz y fascinaron al mundo. Vivian Maier nunco supo que era una de las fotógrafas urbanas más importantes del siglo XX. Vivió modestamente y en paz consigo misma y con lo que amaba. Debe haber sido feliz, de callada manera.

Hace unos días me preguntaron qué hacía un ayudante de mesero con par de Fujifim colgadas. “This is what I do for living” -dije señalando el restaurant-; “…but this is what I do in the life” -y mi dedo apuntó a las cámaras. Una cosa es lo que uno hace para vivir y otra lo que uno hace en La Vida. Supongo que esa respuesta de ese tipo debió haber sido usual para Vivian Maier.

Como es lógico, es una de las figuras de la fotografía que más me inspira no sólo por su obra, sino por todo cuanto hizo por mantener su inspiración libre. Ésta fachada en North Ave, llegando a Paulina para mí es más que un mural: es un altar. La última visita que hice en Chicago. Después de esto fade a negro y créditos, rematados por un “… continuará”. Uno nunca se va del todo de los lugares que ama.

Checkpoint

Llegaste un día, tirado/empujado por el amor, el despecho, la necesidad, un golpe de suerte, la mera circunstancia. Anduviste y desanduviste espacios de los que te apropiaste íntimamente cuando los eventos fortuitos marcaron tu mapa y tu recuerdo. En esa entrecalle te agarró desprevenido el chaparrón. Por aquella esquina torcías cada madrugada cantando a Santiaguito Feliú. En aquel sitio – tan ajeno hoy como tu novia de la secundaria- dejaste la piel en tu primer empleo. La panadería donde comprabas el pan caliente cada mañana sin saber que el último que compraste fue eso, el último. En ese banco te sentaste aquel sábado a ver caer la tarde pues por extenuado que estuvieras, necesitabas de eso tanto como de una ducha o un colchón. Luego, las personas, y el tiempo que les dedicaste (“horas-gente” le llamo, como también existen las “horas mascota” u “horas planta”). El tiempo acumulado, compartido, con rostros antiguos y nuevos que llegaron para quedarse. Risa. Teamwork. Angustias. Cafés. Confidencias. Esperas. Almuerzo. Discusión. Abrazo. Cerveza. Amor. “El tiempo que dedicaste a tu rosa es lo que hace que ella sea importante para ti.”

Y al final, partir. Otra vez, partir, pensando si no es tan casual que “live” y “leave” se parezcan tanto. Partir, tirado/empujado por el desamor y el despecho, la necesidad, un golpe de suerte, la puta circunstancia. Y es ahí cuando todos los recuerdos (los buenos sobre todo) comienzan a proyectarse en las paredes frente a ti como en un cine mientras tratas de meter nuevamente Tu Vida en un par de maletas. Y se te encoge el estómago, y se te corta el aliento, y tragas seco. Te late que la supuesta indolencia ante tu propia partida fue una fabulación. Sospechas que después de tanto hay algo de ti que ya nunca se marchará del todo, que permanecerá aquí incluso si jamás regresaras.

Es entonces cuando descubres que ese sitio donde has habitado, a su vez, también te habita. Irremediablemente.

68686025_10219676038961269_1412456242181308416_o

Apuntes para mi autobiografía: "Al triste", de Jorge Luis Borges

Ahí está lo que fue: la terca espada
del sajón y su métrica de hierro,
los mares y las islas del destierro
del hijo de Laertes, la dorada
luna del persa y los sin fin jardines
de la filosofía y de la historia,
el oro sepulcral de la memoria
y en la sombra el olor de los jazmines.
Y nada de eso importa. El resignado
ejercicio del verso no te salva
ni las aguas del sueño ni la estrella
que en la arrasada noche olvida el alba.
Una sola mujer es tu cuidado,
igual a las demás, pero que es ella.

“Tu y Yo” (O “Paseo sentimental por La Habana de un pasado tan caprichoso y recurrente que acaso no terminará de pasar nunca”)

Screenshot 2019-08-03 13.31.17 copy

Sobreviviendo al miércoles y a la repentina puñalada por la espalda cuando YouTube me trae esto así como por azar, al estilo TenYearChallenge, pero más para dentro que hacia afuera.

No soy fan de Raul Paz, pero no le puedo quitar el mérito de haberle puesto música y alma a aquel momento cuando el tiempo pasaba más despacio y uno vivía peligrosamente como si no hubiera un mañana. A veces, hasta las canciones más cursis se vuelven la banda sonora de tu vida tan solo porque por ser esa y no otra la que sonaba en la radio en el instante del primer beso. Aquel amor fue como el piano en este tema, fluyendo a su aire y a su antojo, intimo, espontáneo, armónico. Aún no sabía que Luis Najmías le había hecho el clip que resultó aún más una fotografía de aquella historia. Algo -mucho- de la alegría y frescura de ella tenía la chica del video interpretadada por Annia Bu; y algo -mucho -tenía yo de la locura y la espontaneidad del Raúl que abre los brazos tras el piano. Radiantes nosotros, y radiantes aquellos días de primavera en La Habana, cuando la luz entraba por dondequiera y la brisa nos alborotaba los cabellos, como en el video. Teníamos 25 años y todo era fresco y nuevo: nosotros, el amor, el mundo. En esos momentos suceden cosas así y piensas que no te sucederá más nunca en la vida.

Pero sí, sucede. Pasa, como todo lo bueno y como todo lo malo. Vienen más historias, y se van luego, y vienen otras y uno se sorprende unas veces de cuánto ha cambiado, y otras, por el contrario de cuanto de sí mismo sigue ahí y acaso no cambiará nunca. Con los años de abrir y cerrar capítulos uno va conociendo sus límites a golpe de prueba y error. Pasan más años y más capítulos, y pasa la vida, en fin; y uno se vuelve a enamorar y a desenamorar de otras gentes y otras cosas. Alguito se queda siempre de cada quien -si uno quiere- pero igual, reecontrarse con aquellos amores tras la evolución individual de cada uno también trae inevitablemente la pregunta de cuán posible pudiera ser aquella comunión de almas en un tiempo presente. Casi siempre esa pregunta se termina respondiendo Nedurianamente con un “nosotros, desde entonces, ya no somos los mismos”.

Pero… que bueno que nos sucedimos, ¿no? 🙂

Feliz miércoles.

Screenshot 2019-08-03 13.19.30 copy

De Oxígeno a X100pre, Miami en dos tiempos


Ilustracion: Mayo Bous / Magazine AMPM

7:35

Corredor infinito de tonos ocre, vacío, insonorizado, ajeno. Pura peli americana. Esto podría ser Manhattan ahora mismo. Presiono el botón del ascensor. Aguardo.

-Going down?

No lo escuché llegar.

-Going down.

Mero protocolo. Lo más lógico es que a esta hora solo se pueda ir bajando. Reparo en el chico, única señal de vida en este pasillo aséptico como un quirófano. Yuppie, no menos de 25, no más de 30, traje gris, maletín de cuero, iPhone X. En su solapa, un pin con la bandera de Honduras, en sus audífonos Beats, trap. No es NY: es El Doral, Miami, la cuasi megápolis del sur de la Florida que ya no pertenece exclusivamente a los cubanos. Estos y sus descendientes son aún la mayoría de ese 70 por ciento de población de origen latino y hay un consenso acerca del papel del exilio/emigración como masa crítica para su crecimiento, pero el área metropolitana -insisto- es tantísimo más extensa que esa “Habana del Norte” resumida para los de la isla en “la Saguesera, Calle Ocho, Hialeah”. La del 2019, poblada acaso más por los llegados que por los nacidos en ella, se ha convertido en un crisol de culturas de países sudamericanos injertadas al tronco estadounidense. Pretenciosa y arrogante, se proclama ahora capital de Latinoamérica y se rehace no solo erigiendo nuevos edificios, sino también reinventando constantemente su visión de sí misma a partir de la suma de visiones de quienes la habitan.

Aquella Miami noventera y más homogénea la [pre]sentí de niño al escuchar el Oxígeno de Willy Chirino (Sony Discos, 1991) en una Cuba que pasaba por lo más duro del Período Especial. Ante mi percepción infantil, aquel álbum viral -que de casete en casete se hizo omnipresente en mi vida- tuvo la capacidad de transportarme a través del Estrecho de la Florida, al contarme sobre el universo paralelo y desconocido del cubanoamericano de la época. El álbum era la instantánea de la segunda generación del conflicto, esa que incorporaba entonces la salsa a la nostalgia musical cincuentera de sus padres; que reverenciaba a sus mayores pero cantaba a Joaquín Sabina; esa donde persistían el sincretismo religioso isleño y el fervoroso activismo político en proporción al de la orilla contraria. Pero además, también hablaba acerca de la cotidianeidad del hombre en su circunstancia: el trabajo duro y del ocio merecido, la alegría y el sufrimiento, acerca -en fin- de la vida de cualquier ser humano aquí, allá o en cualquier parte… puras fantasías de niño, fabulaciones sin pies o cabeza que apenas tendría sentido reseñar si no fuera porque los remanentes de aquel mundo armado en mi cabeza, me sorprendí descubriéndolos en la realidad, de deja-vu en deja-vu, la primera vez que pisé la ciudad en 2014.

18:23

Ruedo por la Ave. 87 en el auto de Pato, mi amigo de la primaria, que vive en Estados Unidos desde 2008. Por él conocí a Juan, el nica que presume del “Flor de Caña” como Jimena, la peruana, del pisco. Por Jime conocí a la mexicanísima Xóchitl que no soporta el Tabasco y siempre que puede se endominga con vestidos multicolor. Todos, aunque la suerte y las contingencias los hayan traído al sur de la Florida, se enorgullecen de sus orígenes.

-Pon música ahí, Carburo – dice Pato, aludiendo a los animados de su  infancia en Cuba-.

Le sueno entonces x100pre (Rimas Entertainment, 2018), el disco recién lanzado por Bad Bunny, cuyo ambiente natural se me antoja un automóvil surcando la noche de esa Miami de hoy  -más panamericana, menos cubana- y a la cual no me conectan no solo mis vivencias, sino también las de mis amigos. Porque x100pre me hace en 2019 lo que aquel Oxígeno en 1991: ponerle fondo musical a la percepción de mi presente. El trap latino es hoy el protagonista de un nuevo capítulo en la historia musical de Miami, una ciudad permanentemente en trance, cuyo imaginario está indisolublemente ligado a su entorno sonoro y a través del cual proyecta su espiritualidad. El disco, salido de la nada como un aparecido, ha dejado boquiabiertos a unos cuantos descreídos sobre el potencial del género cuando se sabe dispuesto a conquistar ya no a un país o una región, sino el mundo todo. Un género en evolución que, como la ciudad misma, ya no se mira más a sí como una humilde periferia, sino como algo  sofisticado, ecléctico, multicultural. Acaso el soundtrack perfecto para ese llegado del sur que tiene a Miami por territorio mítico donde perseguir su ideal de realización personal, mezcla de sueño americano con imaginario del trap: poder económico, auto lujoso, fiesta con todo tipo de excesos, yate con chicas hermosas en bikini.

Oxígeno y X100pre son para mí postales de diferentes momentos de una misma ciudad, que puestos en perspectiva me hablan también sobre su evolución. Ciertamente -fotos al fin- solo se ve en ellas lo que está encuadrado, quedando fuera el resto del mundo pero ¿qué historia lo cuenta todo tal cual? La primera vez que escuché Otra Noche en Miami algo en mí se me enchufó por memoria emotiva con Vía en una relación simultánea de ruptura y de persistencia. Primero que todo el automóvil, el objeto más importante en la vida en una ciudad norteamericana extendida y dispersa. Historias en movimiento, nocturnas; que hablan sobre desamor, abandono, renegación, ilusiones perdidas. Hasta este punto un estado emocional, atemporal y humano: el hombre y su circunstancia, en fin. Pero, si en el 91 Willy es un pez de ciudad maniobrando en el tráfico en un auto arrastrado por una corriente sin rumbo; hoy, Bad Bunny tiene una noción más actualizada del imaginario de ese latino que se asume le puede pedir a Miami -exigirle incluso- un sitio en su cielo.

Un artista verdaderamente popular no obra meramente por los beneficios de agradarle a una multitud, sino que de alguna forma se las arregla para transfigurarse en él, filtrando en sí lo particular, lo general y a veces hasta lo universal de su acontecer y de su tiempo. Tiene el poder de hablarle a un gran público, pero llamar a cada quien por su nombre: y ponerlo frente al espejo de su vida y de su acontecer. “Vulgar” -habrá quien diga- y “marginal” y “facilista”.  “No es lo mío”, como si negar un referente no fuera de alguna manera remarcar su importancia como tal cosa. La música popular -en Miami y en donde sea-  no es completamente el producto de una industria o una política culturales, sino de la Cultura misma. El trap ciertamente es grosero y conserva aún tras su evolución un componente marginal -el cielo sabrá en que se convierte de renunciar a él-, pero más que eso trae en sí el imaginario de una comunidad que lo respalda porque mira en él sus aspiraciones y sus realidades. Cultura, la de verdad, con mayúscula es algo vivo y autónomo;  inasible como el agua, es el todo que trasciende la suma de las partes de la vida en sociedad, más allá de cuanto hagan, deshagan, condicionen o censuren industrias y/o instituciones con un rango de criterios desde la burda mercancía al idealismo más puro. Cultura son Mozart, Picasso y Borges pero también lo es el lenguaje soez; el McDonald´s y las croquetas; el chofeabreatrás, los bills y los tolls.

21:50

–¿Tu has probado la comida peruana? -me preguntó Pato hace un rato-.

– Supongo que sí…

– Vamos- dijo resuelto- Pa sacarte de la duda.-

Gracias a Álvaro conocí el matambrito; por Helen el patacón pisao; con Mario la picanha; gracias a Pato la arepa venezolana. Todo, sin salir de Miami. Esta noche, en el centro de una Doral levantada -dicen- por las fortunas provenientes de Venezuela, una chica ecuatoriana dice estar ahorrando para irse a Nueva York, me sirve un ceviche y se marcha canturreando Lento, de Thalía con Gente de Zona, mientras se entremezclan por todo el salón acentos distintos de un mismo idioma.

Publicado en Magazine AMPM el 27/02/2019

La música de las imágenes

LA MÚSICA DE LAS PALABRAS

“Mi trabajo de escritor se da de una manera en la que hay una especie de ritmo, que no tiene nada que ver con la rima y con las aliteraciones. Es una especie de latido, de swing, como dicen los hombres de jazz. Una especie de ritmo que si no está en lo que yo hago, es para mí la prueba de que no sirve y hay que tirarlo”.

Julio Cortázar

El caso es que desde hace algún tiempo vengo sospechando lo mismo con la foto que Cortázar con la escritura. Quiero decir, que más que claro estoy de no ser ni por mucho la fuckin reencarnación de Cartier-Bresson, pero esto de obrar tratando de seguir un ritmo como si de una improvisación de de jazz se tratara, no me es ajeno en lo absoluto.
Creo que en sentido general el estado de arte del acto de crear está en el control del tiempo. Digo “control” con tibieza, porque si de algo va esto realmente es de cualquier cosa menos de una mano de hierro. Más bien es entrar en resonancia con algo que está ahí, sin más explicación: simplemente está y punto, y más atrás estas tú, que si no te montas, te quedas.
Alguna vez, siendo adolescente uno de mis mentores en eso de conquistar chicas me dijo en su lenguaje barriotero:

-Chama, hay justo dos segundos, (¡DOS!) para tirártele para el pico (1) a una jeva (2): si lo haces antes quedas como un atacao (3) y si lo haces después quedas como un pasmao (4)

-Bueno ¿y cómo sabes cuándo es el momento exacto?-Mira no te lo puedo explicar: eso solo se agarra con la práctica y pasando penas.

Desde aquel día lo tomé como principio – para eso y para todo ciertamente- a sabiendas acaso de que es menos difícil entrar en frecuencia con un instrumento musical, un teclado o – ya en mi caso- una cámara fotográfica, que con un ser que está a 30 cm de ti con un corazón latiendo y unas neuronas conectándose a sus ritmos propios.

Porque es innata para el artista verdadero la sensibilidad para captar, comprender y montarse sobre “eso” que va desde una improvisación de jazz o de encontrar la palabra o la luz exactas o incluso hasta acariciar una mujer. Algo tan simple y al mismo tiempo tan complejo como saber que compases respetar y cuales otros sobre los cuales improvisar con mayor o menor virtuosismo. Para quienes no somos artistas de cuna, pero al menos lo intentamos, que nos queda es, bueno…. practicar y pasar penas.

 

(P.S. Glosario de cubanismos, para los desentendidos. (1) Pico: boca, labios / (2) Jeva: muchacha, chica / (3) Atacao: desesperado, impaciente / (4) Pasmao: lento, moroso, etc.)

 

500px_198_1 (1)_1

El saxofonista cubano Michel Herrera, durante una presentación en la Fábrica de Arte Cubano, La Habana / Cuban Sax player Michel Herrera, performs in Fábrica de Arte Cubano. Havana, Cuba. @kakoescalona