Posible prólogo al incidente de los ataques sónicos a los diplomáticos norteamericanos en La Habana

-Teniente ¿estos micrófonos nuevos trabajan con 110V o con 220V?
-Ay, que se yo, Manolo, búscalo en el manual.
-Lo dejé en la unidad Teniente. Además estaba en chino.
-En coreano, Manolo.
-Chino, coreano, japonés… ¡que más da! Igual no se entiende nada. Bueno, por fin, ¿110 o 220?
-220, que si son de 110 se queman y los que tenemos ya están contados. Y deja de rezongar.
-Hay unos números aqui que deben ser la potencia. Van del 1 al 10.
-Ponla el 10, no sea que después haya que aguantarle la cantaleta al coronel porque no se escucha bien.
-El 10 tiene como un circulito de radioactividad.
-Los coreanos le ponen esa mierda a todo, hasta a la bandera se lo pintan cualquier día. Ponlo en 10 y no jodas más. ¿Se oye?
– A ver… Sí,se escucha fuerte y claro, teniente.
-Bueno, vamonos pal carajo que ahorita llegan los gringos esos y todavía nos agarran en el brinco…

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Conjeturas acerca del debate sobre el centrismo en Cuba. (o “Vaya forma de saber que aún quiere llover sobre mojado”)

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En un edificio multifamiliar de Buenavista, esta mañana las preocupaciones de los vecinos eran el bombeo de agua, si correspondía apagón, y los productos normados que llegaron a la bodega. Una vende yogurt que trae del interior, otro es un plomero viejo venido a menos por los años, otra una octogenaria señora de los altos que anda preocupada porque si le suben la tarifa a la casita de ancianos donde pasa el día no le va a alcanzar su pensión. Dos puertas más adelante, el muchachón de la motocicleta rosada presume de estar (sic) “podrío en pesos” mientras su esposa repasa varias veces al día y a todo volumen los últimos hits del reggaetón. Nadie conoce aquí ni a Yoani ni a Iroel Sánchez. (No faltará quien incluso pregunte si son familia). Nadie sabe quiénes son ni Reinier, ni Ubieta, ni Ravsverg.

Hace semanas que la polémica dejó de serlo –si es que alguna vez lo fue-, para convertirse un gallinero. Otra guerra de pandillas protagonizada por un selecto club de criollos con pleno acceso a internet y tiempo suficiente para interactuar con ella. “Verdades como templos” dicen decirse para darse o quitarse la razón tantos sofistas y algún que otro Sócrates cuyas palabras sabias apenas trascienden entre el barullo, la niebla de guerra y las ensordecedoras salvas de artillería. 

En Oriente sigue sin llover, en Centro Habana hay 2.8 derrumbes por día (¿a saber qué carajo es “punto ocho”?) y es una aventura montarse en un P9 o hacer una fila para trámites en estas tórridas jornadas de verano. La comida en el mercado está cara y mala y los medicamentos de la farmacia andan de vacaciones desde hace meses. Y aún no aparece el post que inicie un debate ¿público? sobre las alternativas para reconstruir Centro Habana, sobre colectar el agua en aljibes o acogidas, sobre lo oportuno que sería importar masivamente motos eléctricas de una vez, o microbuses modernos para cambiárselos (crédito mediante) a los almendroneros por sus autos antiguos y muevan así más pasajeros. PROBLEMAS reales, masivos, latentes, no ese tirayjala que no va a desbordar el Almendares y del cual están al corriente poco más que los implicados. ¿Una polémica de la cual se entera un ínfimo por ciento de los 11 millones que somos? Por favor, pongan los pies en la guagua y peguen la oreja al piso, que eso será muy abierto, pero nunca realmente público ni siquiera cuando la gente común tenga internet en su casa, sino cuando hagan un alto en los IMOs, Facebooks y Youtubes para enterarse y -en el mejor de los casos- opinar.  

Basta ya, Alarmistas: Cuba Posible no es la vía de agua que ha de escorar –tanto menos hundir- la nave. Si bien es influyente en el medio académico o intelectual, aún no tiene militantes, acólitos, o votantes para convertirse en una fuerza política que pueda mover la piñata. Eso se gana con credibilidad, y la credibilidad no se gana diseccionando los problemas, sino resolviéndolos. Aún si pasado mañana despertásemos con pluripartidismo en Cuba, a CP no le quedaría de otra que negociar una coalición. Más preocupantes, en tanto a masivos, populares y genuinos serían el partido de los Sin Techo de Centro Habana, el de los Sin Agua en Oriente, o de los apretujados en las guaguas urbanas o los camiones intermunicipales.

“Qué traigo aquí” (O “Inventario de mi mochila en Agosto del 2017”)

A raíz de la exhibición de “Lugares Comunes | Common Places” me han preguntado más de una ocasión sobre mis herramientas de trabajo. Previa aclaración de que no soy de quienes se desviven por artilugios de último modelo hasta tanto los requisitos de entrega de un trabajo no me obligan a hacerlo, resumiría diciendo que en 10 años he sido predominantemente de Nikon, y lo seguiría siendo si tuvieran algo similar a la Fujifilm de la serie X100. De Nikon he tenido la D70, D1x, D200, D90, y D7000, así como la pequeña, pero sorprendente Coolpix P7000. He trabajado eventualmente con las Fuji S3 y S5, así como con Canon 20D, 30D y 7D.

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Más que la posesión de un modelo en particular de cámara, lo que más satisfacción me produce de mi equipamiento actual es la combinación de herramientas ya no en función de la imagen, sino del flujo de trabajo. Hablo de una pequeña Fujifilm X100, un Microsoft Surface 3 y una tarjeta SD Eye-Fi Mobi Pro de 16 GB que se hacen sitio junto a cables, cargadores y accesorios de bicicleta en una diminuta mochila LowePro Photo Traveler 150. La combinación de estos tres equipos es el resultado de dos años de estudio, prueba y error intentando de reducir en volumen y peso de mi carga habitual (la mochila de un fotógrafo aún liberada de lastre no tiene nada que envidiarle al arsenal de “Q,” o a la cueva de Batman).

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Todo comenzó cuando leí sobre un fotógrafo de bodas que acudía a los eventos junto a su ayudante portando apenas su cámara, un iPad y un hotspot wifi portátil. Lo atractivo de la experiencia es que su flujo de trabajo no solo era simple, sino rápido, pues mientras el fotógrafo capturaba las instantáneas, su cámara enviaba automáticamente las imágenes al iPad de su asistente, que automáticamente importaba, aplicaba presets, retocaba y exportaba las imágenes sobre la marcha sin apenas levantarse de la mesa. Al final, voilá: fotos listas, cobro en el bolsillo, y que vivan los novios.

Mi presente flujo de trabajo fue concebido respondiendo a la movilidad e inmediatez del fotoperiodismo. Ocasionalmente colaboro con Progreso Semanal, un medio alternativo cubano-americano; y la primera vez que probé parcialmente esta rutina fue en la cobertura del desfile del 2 de enero de 2017 en la Plaza de la Revolución de La Habana. Digo parcialmente porque no lo hice con la Fuji X100, sino con las Nikon D7000 y D90 pues aún no tenía la Eye Fi Mobi Pro, así que las descargas fueron por cable. Esa mañana tuve el placer de acompañar a mi mentor Bill Gentile, (quien, a su vez, se desafiaba a cubrir el evento con su Iphone6 y disparando en blanco y negro, como retomando sus tiempos de reportero grafico en la Centroamérica de los 70´s). Al salir de la marcha, aproveché la pausa de desayuno con Bill, para descargar ambas cámaras, “limpiar” la carpeta de fotos innecesarias o recurrentes y llegar luego a la redacción de Progreso con las imágenes prácticamente listas para ser publicadas.

Desde hace aproximadamente dos años andaba replanteándome ese ideal de fotógrafo hipercargado (mochila enorme, laptop, tres cámaras, trípode, etc.) que me había fabricado en mi época de estudiante, y en su lugar se me hacía más atractivo el minimalismo de portar estrictamente lo necesario para regresar exitoso del tipo de asignaciones que cada vez me son más frecuentes. El tiempo pasó y avanzó la tecnología mientras organizaba mi mente y mis finanzas para el siguiente paso (viviendo y trabajando en Cuba, los ingresos jamás serán comparables a los de alguien que hace lo mismo en otros países, y ni hablar de tarjeta de crédito.) Así las cosas, me volví un visitante frecuente de la sección virtual de artículos usados de B&H, la famosa tienda de Nueva York enfocada hacia los profesionales de audio e imagen.

 

Fujifilm X100

Cosecha del 2010 (la primera de la serie) con un lente fijo de 23mm f.2, equivalente a un 35mm en full frame, con un sensor de 12 Mp.

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Corrí con tanta suerte que pagué ~$500 por un artículo de nivel de uso “9” poco menos que la mitad del precio de la misma cámara nueva (~$1200). Apenas tenía más de 1000 disparos antes de ser devuelta a la tienda debido a un desperfecto. Lo que no advirtió el usuario anterior fue que el problema de la cámara no estaba en el equipo en sí, sino en el cargador de baterías. Como los cubanos estamos acostumbrados a no tener muchas opciones y a darle más valor al pájaro en mano que a cien volando, decidí quedármela y ordenarle a la misma B&H un cargador Wasabi que además venía con 2 baterías adicionales.

La X100 se adapta perfectamente a mis necesidades para la fotografía periodística documental y urbana. El lente equivalente a un 35mm es muy versátil y cubre con dignidad los escenarios de trabajo más frecuentes. Suelo decir en su defensa que la mayoría de las buenas fotos de la primera mitad del siglo XX fueron hechas con ópticas de 35mm, así pues, por qué creer que necesitamos mucho más para seguir la tradición. La es cámara es pequeña, ligera y discreta en contraposición a la D1X que a veces funcionaba por sí sola como credencial de prensa, pero en otras era totalmente intrusiva e intimidante. El toque retro y la elegancia de la X100 es en sí mismo un foco de interés, respeto y simpatía los mismos que en otro caso se asustarían ante una DSLR enorme.

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EyeFi Mobi Pro

Como la X100 no tiene función WiFi (modelos más recientes sí la traen incorporada) me decidí con ciertas dudas por la EyeFi Mobi PRo de 16 Gb (~$55) tras haber valorado las ofertas de Toshiba y Trascend y un clon fabricado por alguna ininteligible marca china.

Ninguno de los reviews que que leí ponían las manos en el fuego por ninguna, así que la Mobi Pro fue casi un salto al vacío que a los efectos cumplió mis expectativas. (Se trata de la “Pro” porque es las Mobi sin “apellido” no transfieren archivos RAW.)

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La tasa de transferencia es algo lenta, pero no trabajo precisamente bodas o deportes que requieren de muuuuchas fotografías (para esos casos me guardé una Nikon D7000 y su respectivo cable de descarga). La capacidad tampoco fue un problema en mi caso, pues no suelo regresar con más de 200 imágenes por día. Adicionalmente, los archivos se pueden ir borrando de la tarjeta en la medida que esta trasfiere las imágenes de manera inalámbrica.

“Keenai” el software de sincronización con la PC, así como la app de Android son intuitivas y sencillas de configurar. Con respecto a la app, cuando existe la posibilidad de un plan de datos con acceso a internet -preferiblemente sin restricciones de espacio- puede descargar las fotos y automáticamente enviarlas a una nube (solo JPEGs). En Cuba los datos están limitados por el monopolio estatal de telecomunicaciones a una cuenta de correo electrónico que por demás cuesta ~$1.10 el MB de tráfico, así que la transferencia de archivos es prácticamente impensable. Me conformo entonces con usar la opción que ofrece la app de Kennai para insertar los datos de geoposicionamiento en los metadatos de la imagen recién tomada (es necesario tener encendidos el GPS y la WiFi en el teléfono)

    Microsoft Surface 3

    Comprado como refurbished (reconstruido) por ~$450 en noviembre de 2016 en BestBuy. Procesador Intel Atom 1.60Ghz, 2 Gb de RAM, 128 Gb SSD, Windows 10. Aún siendo más pequeña y menos potente que la laptop Dell que tuve anteriormente, el Surface 3 conquistó mi preferencia, al punto en que tras cinco meses de vendida la Dell en contadas ocasiones he echado de menos su Core i5 y sus 8 Gb de RAM. Pequeño, ligero y versátil, adaptable a la mayoría de las circunstancias, el Surface 3 se las ha apañado para no hacerme quedar mal hasta el momento.

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    La parte que corresponde al Surface 3 en mi rutina de trabajo es la de permanecer encendido mientras disparo para ir importando automáticamente a través de Keenai. Si el trabajo tiene cierta premura para su entrega, activo una opción de Adobe Lightroom para mantener vigilados los cambios en la carpeta de descarga. LR, a su vez, importa a una nueva carpeta incorporando mis ajustes predeterminados y en ese caso solo quedaría exportar a JPEG para que las imágenes estén listas. De cualquier manera, esto no es lo que hago la mayoría de las veces, pues aún LR no me seduce más que la combinación Adobe Bridge – Camera Raw – PhotoShop, manteniendo a LR como una herramienta alternativa. Aún así es un gran alivio llegar a casa y no perder media hora descargando imágenes, cuando ese tiempo fue adelantado sobre la marcha.

    Del Surface 3 me gustan:

    • Las dimensiones, exactas para que no se sienta demasiado grande para un tablet ni demasiado pequeño para una laptop.
    • Revestimiento de magnesio, que lo hace sentir robusto.
    • Windows 10, y la posibilidad de instalar Photoshop o Lightroom, a diferencia de la versión limitada de Lightroom del iOS de un iPad quien hasta donde conozco, no admite PS.
    • No tiene componentes móviles como HDD (en su lugar tiene SSD) o ventiladores de enfriamiento, así que el consumo en el modo de ahorro rebasa las 6 horas.
    • Tiene la portabilidad de un tablet, el rendimiento de una laptop modesta, y si se acopla a un dock station conectado a un monitor se convierte en una PC. O sea: 3 en 1.
    • La definición de la pantalla, que tal vez no es una retina, pero no hace quedar mal.
    • El puerto USB 3 que permite compartir información fácilmente y al cual se puede acoplar además un hub con varios USB y/o una entrada de cable de red RJ45. (OJO, no soporta dos HDD externos al mismo tiempo -en ese caso es necesario acoplarlo al dock, que sí tiene USB 2.0 (X2) y USB 3.0 (X2), salida de video Mini Display y puerto de red RJ45-)
    • La salida de video Mini Display a la cual se pueden acoplar un adaptador de VGA / DVI / HDMI, para multiplicar las posibilidades de mostrar el trabajo)

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    Próximo nivel

    Hace casi 10 años mi entrañable amigo Etién González se recibió de médico como graduado más integral de la Ciudad de la Habana, por lo cual fue estimulado con el otorgamiento directo de la especialidad de Medicina Interna sin necesidad de cumplir con los 2 años obligatorios de Medicina General Integral.

    -¿Qué se siente –le pregunté esa noche- saber que estás entrando en un mundo donde por mucho que sepas siempre hay alguien sabe más que tú?

    -Mira –respondió- es como el boxeo: Tu no puedes aspirar a vencer a un Peso Completo siendo tu un Peso Pluma. Uno lo que debe es tener clara cual es su categoría y tratar de mantenerse en el ranking de sus kilos.

    (Una frase para la vida, y de un alcance muchísimo mayor que justificar la presente idea, pero vino al caso y estaba loco por escribirla, pues sea como sea, este blog es para el hijo que aún no tengo)

    Decía… que independientemente de lo satisfecho que me encuentre de mis equipos, estoy consciente de que –tecnológicamente hablando- aún estoy en el año 2013. Como ya dije arriba, el progreso ha seguido su curso y ha provisto al mercado de productos con mayores prestaciones, y en consecuencia los requisitos de entrega también se han hecho más estrictos. El día en que la Vida, las condiciones de entrega o la obsolescencia programada me obliguen a invertir en nuevos juguetes, andaré mirando:

    • El Surface Book en tanto a sus prestaciones y versatilidad, pensando ya en trabajar imágenes más potentes y editar video, cosa que sí me cuesta un poco de trabajo en el Surface 3.
    • Una nueva Fuji X100, tal vez con un modelo ya de 16Mp -que me permita aplicar al concurso de Hasselblad, por ejemplo-. Adicionalmente me gustaría probar con las mirrorless de Fuji, pero de momento no son nada que me quite el sueño. Consideraría regresar completamente a Nikon si de puro milagro me leyeran la mente e hicieran una mirrorless con el cuerpo de la extraordinaria, pero inoportunamente llegada Nikon SP y tuviera prestaciones similares o superiores a la serie X100.

     

    Postdata

    A estas alturas habrá quien se pregunte por qué no he mencionado marcas como Apple o Sony. Independientemente de que haya dicho alguna vez que “el día que me compre un iPhone me compro la caja de manzanas completa” los productos de la gente de Cupertino no son muy funcionales en la Cuba bloqueada y desconectada del 2017. Independientemente de ello, los nuevos artículos de Microsoft de quienes me burlé alguna vez por caros (Microsoft “suffer”, solía decirles) me han hecho sentir muy a gusto.

    Con respecto a Sony, sobre todo en tiempos de que su tremendísima ɑ9 que anda cosechando sonrisas gracias a sus prestaciones –y a la plata que esta inyectando Sony a su publicidad -, solo puedo decir como Joan Manuel Serrat “me gusta todo de ti, pero tú no”. Tanto así con Canon, que sencillamente es como la rubia hermosa del vestido rojo a la que miran todos me nos tú, que no le puedes quitar los ojos a la trigueña del vestido negro. El cielo sabrá por qué, pero contra gustos no hay disputa.

    Así de simple.

    Palabras de inauguración de la exhibición “Lugares Comunes | Common Places” en la Fábrica de Arte Cubano

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    Buenas Tardes.

    Al decir del reportero gráfico sudafricano Joao Silva, la fotografía tal vez no puede cambiar al mundo, pero sí puede cambiar la forma en que las personas lo ven, y en cuya consecuencia actúan.

    Plantea el profesor Louis A. Pérez que la relación entre norteamericanos y cubanos siempre fue espontánea mientras no se forzara, pues en ese caso la mano extendida se convierte en un puño en guardia. Lamentablemente este ha sido el rasgo predominante –aunque no exclusivo- de  más 200 años de vecindad donde las contingencias han conducido a dar respuestas simples a realidades complejas. Nada ha resultado más práctico entonces para dividir dos naciones que recalcar sistemáticamente sus divergencias, como para que se excomulguen entre sí de los valores de los cuales presumen.

    “Lugares Comunes” no es un mero “aquí” vs “allá” sino una reflexión sobre las similitudes y diferencias entre el acontecer de ambos pueblos. Y de balance se trata, como deseando cerrar las brechas entre la realidad y la fabulación que persisten en ambas partes a través de arquetipos como El Cubano Pete, Mickey Mouse, Ricky Ricardo, El Capitán América.

    De balance se trata, como si de una vez y por todas fuera posible llegar a conocernos, a respetarnos y a sabernos los límites sin que ello impida mirarnos como seres humanos que comparten el mismo aire, luchan por conseguir sus sueños, y se preocupan por igual por la felicidad de sus hijos. No hay convivencia sin paz; no hay paz sin respeto; no hay respeto sin conocimiento. Porque vecinos somos -querámoslo o no- y el futuro de la convivencia a la cual estamos obligados (como mínimo por la geografía) radica en conocer bien al Otro y aún mejor a uno mismo.

    Muchas gracias.

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    “Más que colgar cuadros en una pared” (algo así como un making de “Lugares Comunes | Common Places”) // # 2: “That´s what We do”

    Por si no ha quedado del todo claro, padezco la manía de meterme hasta el cuello de cada fase del proceso de génesis de una obra. (Culpo a “War Photographer”, el documental sobre Jim Nachtwey, y las leyendas de un W. Eugene Smith discutiendo constantemente con los editores y galeristas sobre el acabado de las obras.) Para mí la belleza no está en la fastuosidad o la sobredimensión, sino en la coherencia, la armonía, y el cuidado por la proporción entre el todo y las partes. Más aún con “Lugares…”, cuya idea central es el balance, y en su búsqueda de todas las formas posibles no solo importa la correspondencia entre las piezas, sino también una presentación equilibrada del conjunto.

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    En mi sueño de una noche de verano, las piezas no iban medir 24” X 32”, sino 20” X 24”, estarían impresas en papel mate y en cristal anti refractario, las molduras y los paspartú (passé partout = diafragma) serían negros, tal y como acostumbro a presentar mi trabajo. Nos vamos, pues, a lo Tarantino, a la parte de cómo aparecieron los marcos en la tórrida Habana del 2017 (y digo Tarantino no solo por el flashback a quince días atrás, sino porque en mas de una ocasión hubiera deseado desenfundar una katana y dejar unas cuantas paredes decoradas al mejor estilo de de Jackson Pollock.) Tras haber visitado cuatro talleres para pedir cotizaciones, los costos de montaje iban desde los 45 hasta 32 CUC por pieza. Eso, sin contar que quien tenía el marco negro solo tenía diafragma blanco o viceversa. (“¿Oye y un azulito no te da lo mismo?”)

    Una tarde de aquellas, me llama mi madre para avisarme que en la Feria de Artesanías de La Rampa, que estaban vendiendo reproducciones montadas. Piezas de 20” X 27” algo más grandes, de lo que necesito-. Vienen del mismo taller donde me pidieron el doble por un tamaño menor. Ya lo dijo mi abuelo: este país es un cubilete. Esa misma noche tenía 15 en casa.

    Las piezas que originalmente se pensaron para 20” X 24” quedarían algo pequeñas en las nuevas molduras, así pues, fue preciso reacondicionar las imágenes a un formato más grande. Aproveché la oportunidad entonces para comenzar de cero, retomando los archivos .DNG (RAW) originales y exportándolos a TIFF en lugar de JPEG. El trabajo con los TIFF fue lógicamente más lento -son 10 veces más grandes que un JPEG- pero al final valió la pena en tanto las nuevas copias tenían mejor definición y menos ruido. Las imágenes de cada pareja fueron recortadas con con la misma relación de aspecto para que ocuparan igual superficie en los cuadros complementarios. El espacio que restaba para alcanzar la medida -ya no de la foto, sino de la moldura- se completó con un marco blanco que no es un passe partout, pero lo aparenta (lo cual no es un chiste, pues el diafragma no es un elemento decorativo, sino funcional que evita que la pieza se adhiera al cristal.) Para evitar confusiones incluí las líneas de corte en la copia de impresión con un grosor de 0.5mm. Ya con el marco blanco incluido, hice coincidir un lado de alto y otro de ancho con los bordes del formato de impresión para solo cortar dos lados en lugar de cuatro, evitándome así unas cuantas horas de trabajo adicional. (Ojo, no descubrí el agua tibia: esto último puede parecer obvio, siempre hay algún despistado que se pasa con fichas…)

     

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    “La guía de corte se pone desde el interior y al menos a mí me gusta inclinar un poco la cuchilla. No hay superficie mejor que el cristal sobre la que apoyar; y el calador, preferiblemente debe tener guía metálica en la punta para que el corte sea más preciso. A ver, déjame montar al menos una para estar seguro.”

    Y lo dejo. Gracias al cielo tengo a Oriel conmigo. Más allá de la afición que uno sienta por las manualidades, poder contar con un profesional de maña y oficio siempre inspira confianza (más aún si se trata de tu Compadre). 18 metros de papel fueron cortados con precisión quirúrgica gracias a los tips del Broder, y en mi gratitud insisto, pues sin ellos la hubiera cagado no menos de tres veces.

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    Todo quedó cortado tras una mañana de labor, una taza de café y unas rodajas de pan. La segunda parte fue desarmar las molduras para ubicar en ellas las piezas, trabajito que me tomó en suma unas 11 horas de pie ininterrumpidamente. Pocas veces me han dolido tanto las piernas pero aun así caí redondo en cama y dormí como un bebé. Tal vez no sea lo que habría deseado en un principio, pero para la medida cubana -que es mucho decir- estoy más que satisfecho.

    Alex

    “Flaco, aquí los textos en español e inglés. 150 palabritas en total, para que Adelina no se queje. A propósito, la serie se llama “Lugares Comunes | Common Places” Así con rayita en medio y todo. Me he cuidado mucho de los detalles y esto es importante. La palabra clave es “balance”, así que si tienes una fuente que sugiera eso, te lo agradecería un montón…”

    Alexander Collazo, el diseñador gráfico de Fábrica de Arte Cubano, no es exactamente flaco, sino más bien un blanco grandote, nobletón y flemático. Ha captado sin muchas explicaciones el espíritu del proyecto y ha moldeado su forma exterior: escogió como identificador la línea diagonal que apareció de pura carambola al usar una app de Android para conformar collages. Luego ubicó los nombres en inglés y español como si quisieran entrar uno dentro del otro. Todo cuanto fue posible en cuanto al contenido y la forma, tributa de manera orgánica y coherentemente a la esencia del proyecto.

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    Jorgito

    – ¿Ves? -dice ahora Jorgito- lo que resulta es un puente. ¿Te parece bien?

    – ¿Que si me parece bien? Coño, Compay, Esto es un jonrón con bases llenas.

    Jorge Carlos Herrero es mi compinche para las aventuras que precisan de un criterio estético más elevado que el mío propio. Mejor no lo quiero: desde ocasionales fotos de quince y boda hasta la museología de todas mis exhibiciones han acabado en un rotundo éxito de crítica y público, gracias a la creatividad de Jorgito más que a la mía propia. Por París o en New York, debería andar, en una justa medida de la actitud y el talento, más para suerte mía aún circula con matrícula de La Habana.

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    Llevamos más de una hora de pie frente a los cuadros haciendo la expografía. Ya no se trata de la imagen individual ni de la relación entre las parejas, sino de la distribución armónica del conjunto. Cada pareja se ha movido de su sitio inicial al menos tres veces. Yendo y viniendo de lo particular a lo general, hemos probado los criterios de “un día en la vida de” y “máquina-humano”, pero al final nos quedamos con uno que responde más a la pura intuición en busca de un sentido no de equilibrio, sino más bien de armonía, que nos ha llevado a ubicar las dos parejas verticales de segunda y de penúltima, de forma tal que forman una suerte de pilares de un puente, lo cual no puede ser más propio de “Lugares…”. Independientemente de la relación entre las piezas que la componen, la expografía resulta una metáfora en sí misma que respalda, aún mas, el tema.

     

     

    De esta forma tan venturosa se armó finalmente la primera exhibición de “Lugares Comunes | Common Places”. Lo he intentado registrar en par de posts no tanto por dejar memoria de una de las tantas maneras de producir una exposición en Cuba (una bastante autónoma y de bajo costo, ciertamente, pero no la única) sino, por no dejar de mencionar a los que intervinieron de manera más directa y a quien les debo lo indecible. Faltan nombres aún, en honor a la verdad –siempre sucede- pero no por eso les tengo menos gratitud. Porque el Gol no lo hace quien patea el balón con precisión, sino también quien le hace el pase certero.

    ¡Fabrica de Arte Cubano: aquí vamos!

    “Más que colgar cuadros en una pared” (algo así como un making de “Lugares Comunes | Common Places”) // # 1: “In the flesh”

     “Trimagen” de la Avenida Ayestarán,  10:00

    ¿!24 por 32 pulgadas!? ¡Ay, hubieras empezado por ahí! La impresora grande está rota desde mayo y ayer fue que encargaron la pieza en el extranjero. Se supone que debe estar funcionando  dentro de un mes. ¡Una máquina que produce –por lo menos- 1000 CUC al día! Yo no sé que piensan! Con lo que se ha perdido por no usarla se compran dos más. ¡Dime tú…!

    “PhotoService” de Avenida 84, Playa. 11:30

    Si, mi niño, tu verás que si imprimes con nosotros vas a regresar. ¿De donde es que tu vienes? De Ayestarán seguro. Mira aquí tenemos un plotter, bueno, sí, una impresora química también también si quieres, pero el plotter imprime que es una maravilla. ¿El papel? mmm si, espera, ¡Emilio! ¡¿Que papel usamos aquí?! Baritado, mi niño, papel baritado. ¿Mate?, no, mate no tenemos, solo ese que te digo. Aquí no hay muchas opciones. Pero ese es bueno, tu veras.

    Alarma: papel baritado. Tengo mis reservas con los “glossy” (brillo) después tres o cuatro noches devorando decenas de páginas de internet salvadas a toda carrera. Que si la definición acentúa las imperfecciones  …que hay que tratarlo como si de porcelana fuera porque los dedos dejan marca en la superficie …que si los papeles brillo son para los paisajes y los mate para retrato… En fin: nada que ver con el espíritu informal, documental, callejero de “Lugares…” –más propio, a mi entender, de un mate-. Ciertamente no esperaba que me recibieran con papel de algodón, pero igual no puedo evitar cierta “preindisposición” ante el glossy. Horas de estudio mandadas a la mierda de un plumazo por la maldita circunstancia de esta insularidad nuestra, donde todo lo que llega de afuera responde al criterio de quien pensó que de tantos papeles para importar el mejor era éste, y al carajo los demás, que lo que hay que hacer es imprimir fotos, y para quien quiera elegir que se vaya para el C…oppelia.

    Ven después de las cinco, mi niño. ¿Oye, y tu te piensas llevar todas esas fotos en una bicicleta?

    Pues sí. Antes del final del día voy a imprimir 15 copias de 24 X 36 en el único papel que puedo, y me las llevo en bicicleta. Oriel tiene razón en que la falta de opciones no siempre es tan mala, pues -quieras o no- lo inevitable acaba simplificando tu ecuación. Ya sin distracciones innecesarias te enfocas mejor en el problema real y en optimizar el uso de lo poco que tienes, y al final sale. Tal vez no como hubieras querido, pero sale. ¿Quien dijo que era fácil? Como dijera un borracho supuestamente citando a José Martí:

    Aquí se sufre, pero se goza.

    “Aquí” es en Cuba, por supuesto.

     

    “PhotoService” de Avenida 84, Playa. 18:00

    Desde las 16:30 aquí, en vano. Del plotter aún asoman quinceañeras con vestidos y fondos rosados, sosteniendo flores y sonrisas. La máquina no entiende de estéticas.  Imprime, en fin, lo mismo una pieza de Cartier o Avedon que la imagen de una sonriente chica ataviada con vestido, sombrero y marpacífico, que descansa delicadamente su mano sobre un… cactus. 

    Emilio Reyes, impresor, 66 años. Lleva su vida en la fotografía. Cuenta del tiempo de los laboratorios de revelado de película, de impresoras químicas y ahora las digitales. Dice que es fundador PhotoService, en los años 90. Le menciono un par de nombres que recuerdo de mi infancia cuando correteaba por los pasillos de la sede de Galiano y me completa historias que ya sé. Ya sabemos que sabemos: estamos en la misma página.

    Vuelvo, de vez en vez, la vista a la impresora. Continúan las chicas de sonrisa Colgate, los rosados, las flores…

    Emilio: …la química está bien para una época, porque era lo que había. Aquí en Cuba es más jodido aún porque los reactivos se llevan al límite. De contra, conozco gente -joven sobre todo- que no entienden la maña, el oficio y el arte de imprimir y preparan la química como si fuera refresco. Luego viene lo digital, y ahí si no hay casualidad: tinta y un láser para fijarla. A mí me costó trabajo asimilarlo. Un día dijeron, así sin mas, oye la semana próxima vienen las impresora digital. Y yo que no sé ni inglés me puse a entender el manual a golpe de prueba y error e ingeniería inversa. Yo siempre he sido un luchador, compadre, a mi cualquier cosa menos hacerme un cuento de lo mío. Mira, ahí viene la primera de las tuyas.

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    Pasadas las 19:00, a través del cristal acrílico y bajo el vaivén del tóner de la impresora comienzan a dibujarse formas que me son familiares. Hasta hoy no han sido más que ceros y unos en un disco duro, pero ahora son algo real, tangible, que pesa, huele, tiene textura al tacto, algo que ocupa, en fin, un espacio físico en el mundo real. Otro objeto que se sumará a la lista de objetos que desempolvar los sábados, decidir si conservar, o regalar, o tirar en caso de mudanza; o entre los que elegir a toda carrera, si sacar -o no- de una casa en llamas. Las cosas, incluso las más insulsas, no son lo que son, sino lo que representan para uno. Así pues, he de confesar que esta sensación es lo más cercano que he experimentado de dar a luz, a sabiendas de que se trata de una ínfima fracción de hacerlo de en toda regla.

    Como el ritual de chocar con las copas de vino para involucrar en él los cinco sentidos; como el libro que compras impreso porque ya no soportas leer en un e-reader; como hacer el amor al fin, después de haber visto tanto porno; no cabe duda de que las fotos (aunque sea el 1% de las que producimos) no son del todo reales mientras no se imprimen. 

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    Apuntes para soñarme una autobiografía: Consejos de un padre

    Dejar estas cosas en mi blog es lo que me recuerda que en lugar de esos que escriben por fama, o por echar los versos del alma, yo lo hago para mi hij@, el que no tengo aún -ni  tendré de momento- y solo espero que el día que llegue haya vivido lo suficiente para hacerle un cuento distinto cada noche. De momento, le voy dejando migajas de pan en el camino, por si acaso.

    En algún momento de los últimos 15 años mi padre me regaló un papel  impreso, y desde ese día estoy tratando de ponerle ponerle un checkmark a cada idea. No me ha ido tan mal.    

    Jackson Brown no es un gran pensador, ni un Nóbel de literatura. Es solo un hombre común, un padre preocupado por la felicidad de su hijo que quiso escribir estos consejos cuando este se disponía a ir a estudiar a la universidad, lejos de su casa.

    Su hijo decidió fotocopiarlos y los distribuyó entre sus compañeros de estudio. Tuvieron tanto éxito que una editorial le pidió autorización a Brown para editar un libro con ellos. Poco tiempo después, bajo el título “Vivir feliz”, se convirtió en un best seller que lleva decenas de ediciones y millones de ejemplares traducidos a varios idiomas.

    • Observa el amanecer al menos una vez al año.
    • Estrecha la mano con firmeza y mira a la gente a los ojos.
    • Ten un buen equipo de música.
    • Elige un socio igual que eliges un compañero de tenis: busca que sea fuerte en donde tú eres débil y viceversa.
    • Desconfía de los fanfarrones, nadie alardea de lo que le sobra.
    • Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa.
    • Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.
    • Maneja autos que no sean caros pero date el gusto de tener una buena casa.
    • Nunca existe una buena oportunidad para causar una primera impresión.
    • No hagas comentarios sobre el peso de una persona ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.
    • Recuerda que se logra más de una persona por medio del estimulo que por el reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza)
    • Anímate a presentarte a alguien que te cae bien simplemente con una sonrisa y diciendo: mi nombre es fulano de tal, todavía no nos han presentado…
    • Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.
    • Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.
    • Haz lo que sea correcto sin importar lo que otros piensen.
    • Dale la mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. Llegará el momento en que ya no te dejará.
    • Aprende a mirar a la gente desde sus sandalias y no desde las tuyas.
    • Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.
    • Recuerda el viejo proverbio: sin deudas, sin peligro.
    • No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.
    • Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo (el que no vive para servir no sirve para vivir)
    • Concurre a tus compromisos a tiempo.
    • La puntualidad es el respeto al tiempo ajeno.
    • Confía en Dios pero cierra tu auto con llave.
    • Recuerda que el amor y el gran desafío incluyen también al gran riesgo.
    • Nunca confundas riqueza con éxito.
    • No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.
    • No esperes que el otro sepa lo que quieres si no se lo dices.
    • Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.
    • Trata a tus empleados con el mismo respeto que tratas a tus clientes.
    • No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.
    • No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.
    • No compres un colchón barato, nos pasamos la tercera parte de nuestra vida encima de él.
    • No confundas confort con felicidad
    • Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.
    • Escucha el doble de lo que hablas, por eso nos dieron dos oídos y una sola boca.
    • Cuando necesites un consejo profesional pídeselo a los profesionales y no a los amigos.
    • Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quienes tus enemigos.
    • Nunca envidies, la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.
    • Recuerda que la felicidad no es una meta, sino un camino: disfruta mientras lo recorres.
    • Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.