De Oxígeno a X100pre, Miami en dos tiempos


Ilustracion: Mayo Bous / Magazine AMPM

7:35

Corredor infinito de tonos ocre, vacío, insonorizado, ajeno. Pura peli americana. Esto podría ser Manhattan ahora mismo. Presiono el botón del ascensor. Aguardo.

-Going down?

No lo escuché llegar.

-Going down.

Mero protocolo. Lo más lógico es que a esta hora solo se pueda ir bajando. Reparo en el chico, única señal de vida en este pasillo aséptico como un quirófano. Yuppie, no menos de 25, no más de 30, traje gris, maletín de cuero, iPhone X. En su solapa, un pin con la bandera de Honduras, en sus audífonos Beats, trap. No es NY: es El Doral, Miami, la cuasi megápolis del sur de la Florida que ya no pertenece exclusivamente a los cubanos. Estos y sus descendientes son aún la mayoría de ese 70 por ciento de población de origen latino y hay un consenso acerca del papel del exilio/emigración como masa crítica para su crecimiento, pero el área metropolitana -insisto- es tantísimo más extensa que esa “Habana del Norte” resumida para los de la isla en “la Saguesera, Calle Ocho, Hialeah”. La del 2019, poblada acaso más por los llegados que por los nacidos en ella, se ha convertido en un crisol de culturas de países sudamericanos injertadas al tronco estadounidense. Pretenciosa y arrogante, se proclama ahora capital de Latinoamérica y se rehace no solo erigiendo nuevos edificios, sino también reinventando constantemente su visión de sí misma a partir de la suma de visiones de quienes la habitan.

Aquella Miami noventera y más homogénea la [pre]sentí de niño al escuchar el Oxígeno de Willy Chirino (Sony Discos, 1991) en una Cuba que pasaba por lo más duro del Período Especial. Ante mi percepción infantil, aquel álbum viral -que de casete en casete se hizo omnipresente en mi vida- tuvo la capacidad de transportarme a través del Estrecho de la Florida, al contarme sobre el universo paralelo y desconocido del cubanoamericano de la época. El álbum era la instantánea de la segunda generación del conflicto, esa que incorporaba entonces la salsa a la nostalgia musical cincuentera de sus padres; que reverenciaba a sus mayores pero cantaba a Joaquín Sabina; esa donde persistían el sincretismo religioso isleño y el fervoroso activismo político en proporción al de la orilla contraria. Pero además, también hablaba acerca de la cotidianeidad del hombre en su circunstancia: el trabajo duro y del ocio merecido, la alegría y el sufrimiento, acerca -en fin- de la vida de cualquier ser humano aquí, allá o en cualquier parte… puras fantasías de niño, fabulaciones sin pies o cabeza que apenas tendría sentido reseñar si no fuera porque los remanentes de aquel mundo armado en mi cabeza, me sorprendí descubriéndolos en la realidad, de deja-vu en deja-vu, la primera vez que pisé la ciudad en 2014.

18:23

Ruedo por la Ave. 87 en el auto de Pato, mi amigo de la primaria, que vive en Estados Unidos desde 2008. Por él conocí a Juan, el nica que presume del “Flor de Caña” como Jimena, la peruana, del pisco. Por Jime conocí a la mexicanísima Xóchitl que no soporta el Tabasco y siempre que puede se endominga con vestidos multicolor. Todos, aunque la suerte y las contingencias los hayan traído al sur de la Florida, se enorgullecen de sus orígenes.

-Pon música ahí, Carburo – dice Pato, aludiendo a los animados de su  infancia en Cuba-.

Le sueno entonces x100pre (Rimas Entertainment, 2018), el disco recién lanzado por Bad Bunny, cuyo ambiente natural se me antoja un automóvil surcando la noche de esa Miami de hoy  -más panamericana, menos cubana- y a la cual no me conectan no solo mis vivencias, sino también las de mis amigos. Porque x100pre me hace en 2019 lo que aquel Oxígeno en 1991: ponerle fondo musical a la percepción de mi presente. El trap latino es hoy el protagonista de un nuevo capítulo en la historia musical de Miami, una ciudad permanentemente en trance, cuyo imaginario está indisolublemente ligado a su entorno sonoro y a través del cual proyecta su espiritualidad. El disco, salido de la nada como un aparecido, ha dejado boquiabiertos a unos cuantos descreídos sobre el potencial del género cuando se sabe dispuesto a conquistar ya no a un país o una región, sino el mundo todo. Un género en evolución que, como la ciudad misma, ya no se mira más a sí como una humilde periferia, sino como algo  sofisticado, ecléctico, multicultural. Acaso el soundtrack perfecto para ese llegado del sur que tiene a Miami por territorio mítico donde perseguir su ideal de realización personal, mezcla de sueño americano con imaginario del trap: poder económico, auto lujoso, fiesta con todo tipo de excesos, yate con chicas hermosas en bikini.

Oxígeno y X100pre son para mí postales de diferentes momentos de una misma ciudad, que puestos en perspectiva me hablan también sobre su evolución. Ciertamente -fotos al fin- solo se ve en ellas lo que está encuadrado, quedando fuera el resto del mundo pero ¿qué historia lo cuenta todo tal cual? La primera vez que escuché Otra Noche en Miami algo en mí se me enchufó por memoria emotiva con Vía en una relación simultánea de ruptura y de persistencia. Primero que todo el automóvil, el objeto más importante en la vida en una ciudad norteamericana extendida y dispersa. Historias en movimiento, nocturnas; que hablan sobre desamor, abandono, renegación, ilusiones perdidas. Hasta este punto un estado emocional, atemporal y humano: el hombre y su circunstancia, en fin. Pero, si en el 91 Willy es un pez de ciudad maniobrando en el tráfico en un auto arrastrado por una corriente sin rumbo; hoy, Bad Bunny tiene una noción más actualizada del imaginario de ese latino que se asume le puede pedir a Miami -exigirle incluso- un sitio en su cielo.

Un artista verdaderamente popular no obra meramente por los beneficios de agradarle a una multitud, sino que de alguna forma se las arregla para transfigurarse en él, filtrando en sí lo particular, lo general y a veces hasta lo universal de su acontecer y de su tiempo. Tiene el poder de hablarle a un gran público, pero llamar a cada quien por su nombre: y ponerlo frente al espejo de su vida y de su acontecer. “Vulgar” -habrá quien diga- y “marginal” y “facilista”.  “No es lo mío”, como si negar un referente no fuera de alguna manera remarcar su importancia como tal cosa. La música popular -en Miami y en donde sea-  no es completamente el producto de una industria o una política culturales, sino de la Cultura misma. El trap ciertamente es grosero y conserva aún tras su evolución un componente marginal -el cielo sabrá en que se convierte de renunciar a él-, pero más que eso trae en sí el imaginario de una comunidad que lo respalda porque mira en él sus aspiraciones y sus realidades. Cultura, la de verdad, con mayúscula es algo vivo y autónomo;  inasible como el agua, es el todo que trasciende la suma de las partes de la vida en sociedad, más allá de cuanto hagan, deshagan, condicionen o censuren industrias y/o instituciones con un rango de criterios desde la burda mercancía al idealismo más puro. Cultura son Mozart, Picasso y Borges pero también lo es el lenguaje soez; el McDonald´s y las croquetas; el chofeabreatrás, los bills y los tolls.

21:50

–¿Tu has probado la comida peruana? -me preguntó Pato hace un rato-.

– Supongo que sí…

– Vamos- dijo resuelto- Pa sacarte de la duda.-

Gracias a Álvaro conocí el matambrito; por Helen el patacón pisao; con Mario la picanha; gracias a Pato la arepa venezolana. Todo, sin salir de Miami. Esta noche, en el centro de una Doral levantada -dicen- por las fortunas provenientes de Venezuela, una chica ecuatoriana dice estar ahorrando para irse a Nueva York, me sirve un ceviche y se marcha canturreando Lento, de Thalía con Gente de Zona, mientras se entremezclan por todo el salón acentos distintos de un mismo idioma.

Publicado en Magazine AMPM el 27/02/2019

Advertisements

La música de las imágenes

LA MÚSICA DE LAS PALABRAS

“Mi trabajo de escritor se da de una manera en la que hay una especie de ritmo, que no tiene nada que ver con la rima y con las aliteraciones. Es una especie de latido, de swing, como dicen los hombres de jazz. Una especie de ritmo que si no está en lo que yo hago, es para mí la prueba de que no sirve y hay que tirarlo”.

Julio Cortázar

El caso es que desde hace algún tiempo vengo sospechando lo mismo con la foto que Cortázar con la escritura. Quiero decir, que más que claro estoy de no ser ni por mucho la fuckin reencarnación de Cartier-Bresson, pero esto de obrar tratando de seguir un ritmo como si de una improvisación de de jazz se tratara, no me es ajeno en lo absoluto.
Creo que en sentido general el estado de arte del acto de crear está en el control del tiempo. Digo “control” con tibieza, porque si de algo va esto realmente es de cualquier cosa menos de una mano de hierro. Más bien es entrar en resonancia con algo que está ahí, sin más explicación: simplemente está y punto, y más atrás estas tú, que si no te montas, te quedas.
Alguna vez, siendo adolescente uno de mis mentores en eso de conquistar chicas me dijo en su lenguaje barriotero:

-Chama, hay justo dos segundos, (¡DOS!) para tirártele para el pico (1) a una jeva (2): si lo haces antes quedas como un atacao (3) y si lo haces después quedas como un pasmao (4)

-Bueno ¿y cómo sabes cuándo es el momento exacto?-Mira no te lo puedo explicar: eso solo se agarra con la práctica y pasando penas.

Desde aquel día lo tomé como principio – para eso y para todo ciertamente- a sabiendas acaso de que es menos difícil entrar en frecuencia con un instrumento musical, un teclado o – ya en mi caso- una cámara fotográfica, que con un ser que está a 30 cm de ti con un corazón latiendo y unas neuronas conectándose a sus ritmos propios.

Porque es innata para el artista verdadero la sensibilidad para captar, comprender y montarse sobre “eso” que va desde una improvisación de jazz o de encontrar la palabra o la luz exactas o incluso hasta acariciar una mujer. Algo tan simple y al mismo tiempo tan complejo como saber que compases respetar y cuales otros sobre los cuales improvisar con mayor o menor virtuosismo. Para quienes no somos artistas de cuna, pero al menos lo intentamos, que nos queda es, bueno…. practicar y pasar penas.

 

(P.S. Glosario de cubanismos, para los desentendidos. (1) Pico: boca, labios / (2) Jeva: muchacha, chica / (3) Atacao: desesperado, impaciente / (4) Pasmao: lento, moroso, etc.)

 

500px_198_1 (1)_1

El saxofonista cubano Michel Herrera, durante una presentación en la Fábrica de Arte Cubano, La Habana / Cuban Sax player Michel Herrera, performs in Fábrica de Arte Cubano. Havana, Cuba. @kakoescalona

Apuntes para soñar[me] una autobiografía. “La Belleza” de Luis Eduardo Aute.

Enemigo de la guerra
Y su reverso, la medalla
No propuse otra batalla
Que librar al corazón
De ponerse cuerpo a tierra
Bajo el paso de una historia
Que iba a alzar hasta la gloria
El poder de la razón
Y ahora que ya no hay trincheras
El combate es la escalera
Y el que trepe a lo mas alto
Pondrá a salvo su cabeza
Aunque se hunda en el asfalto
La belleza

Míralos, como reptiles
Al acecho de la presa
Negociando en cada mesa
Maquillajes de ocasión
Siguen todos los raíles
Que conduzcan a la cumbre
Locos por que nos deslumbre
Su parásita ambición
Antes iban de profetas
Y ahora el éxito es su meta
Mercaderes, traficantes
Mas que nausea dan tristeza
No rozaron ni un instante
La belleza

Y me hablaron de futuros
Fraternales, solidarios
Donde todo lo falsario
Acabaría en el pilón
Y ahora que se cae el muro
Ya no somos tan iguales
Tanto vendes, tanto vales
¡viva la revolución!
Reivindico el espejismo
De intentar ser uno mismo
Ese viaje hacia la nada
Que consiste en la certeza
De encontrar en tu mirada
La belleza…

“Mis 22 años” (O “En vísperas del primer día del resto de mi vida”, revisited)

Agonizaba [en] marzo del 2006. Mi cumpleaños me sorprendió recogiendo papas en San Antonio de los Baños, mientras en el resto del planeta hubo un eclipse de sol, protestas contra la ocupación de Palestina en la base de Guantánamo, y hasta unos juegos de la Comonwealth. Claudia –mi primera novia en toda regla- y yo habíamos terminado hacía semanas y Leandro –el más antiguo de mis amigos- se había marchado a Tampa. Una muchachita menuda y pequeña llamada Yanay Arauz comenzaba a hacer que mis días se parecieran a los del “Vértigo” de Ismael Serrano, pero mis actitud de kamikaze para jugármelo todo por ella la hizo retirarse asustada antes de que sucediera nada. La religion oficial era el vino artesanal que vendían en la avenida 31 que por suerte siempre se terminaba antes de provocar una vomitera. Yo, con el alma a flor de piel, buscaba la salvación las Páginas Escogidas de Borges y en el P•U•L•S•E de Pink Floyd. Las noches eran largas y calurosas y aquel vino hacía, al menos, que el tiempo transcurriera menos lento. Con el pasado tan jodido y el futuro tan incierto, uno cae en esos saludables estados de consciencia del presente que casi siempre vienen precedidos por un alamierdatodo y en los que uno se disuelve hasta volverse invisible. A medio camino entre las frustraciones y las ilusiones; entre la sobriedad y la embriaguez; entre sentirme devastadoramente solo y percatarme de la oportunidad –que no aprovecho nunca- de aprender a estar conmigo, intenté condensar lo que creía haber aprendido de la vida en poco más de dos décadas de residencia en la Tierra.

El individuo que escribió las tonterías que aparecen debajo, lucía más o menos así:

Y 004_1

Yo, Carlos Ernesto Escalona; con 22 años cumplidos, fotógrafo en entrenamiento, soltero y sin compromiso, en un 95 % de mis facultades mentales sanas, declaro:

Que las verdades absolutas existen. Que son pocas pero son. Que aún no hay nada que las desentrañe sin prejuicios. Que los justos a veces pecan. Que los pecadores pueden llegar a ser justos. Que el camino a la virtud incluye el vicio. Que los puntos medios de una relación pueden ser los extremos de otra. Que los humanos nos inventamos imágenes de nosotros mismos que a veces son contrarias a lo que realmente somos. Que todo es atacable como todo es defendible. Que con la retórica se convence. Que con la verdad se vence. Que hay hombres que vienen al mundo decir una sola palabra. Que las enfermedades no son castigos, sino señales de que hay algo pendiente de arreglar por ahí dentro. Que perdemos el tiempo corriendo hacia todos lados cuando al final no llegamos a tiempo a ninguno. Que todo está donde tiene que estar. Que cada cual tiene lo que le toca. Que se puede ser egoísta, pero no hijoeputa. Que la letra con sangre entra. Que uno siempre está más jodido que alguien. Que siempre hay alguien más jodido que uno. Que las mujeres necesitan seguridad. Que los caballeros las prefieren o virginales, o maternales o zorras, pero siempre rubias. Que la mujer perfecta es una muñeca inflable. Que hay fotos para color y hay fotos para blanco y negro. Que la ley no es la justicia. Que la vida es un libro abierto y cada día es una página que se dobla hayámosla o no leído. Que todo el amor no basta. Que el mayor cornudo es el amante, pues a diferencia del marido está consciente de que esa mujer se acuesta con otro. Que el amor se hace y no se dice. Que hay gente que regresa siempre. Que hay cosas que no cambian nunca. Que el tiempo aleja más que la distancia. Que hay quien nació para ser y hay quien nació para estar. Que el pasado no deja de pasar. Que el que inventó el domingo merece la horca. Que el que dice que está solo no sabe estar consigo. Que la única mujer que no nos miente es nuestra madre. Que se come antes, durante o después del noticiero de las 20:00. Que los ídolos caen. Que los búcaros se rompen. Que todos somos óptimos para algo, aunque no siempre lo descubrimos. Que es imperdonable irse sin haber hecho nada por los otros. Que los hombres podrán hablar de deporte, de política, de mecánica, o de filosofía, pero nunca dejan de hablar de mujeres cuando más nadie está mirando. Que las mascotas son uno más de la familia. Que la victoria es de quien se la gana y no de quien se la merece. Que el mejor momento es éste. Que nunca nos pondremos de acuerdo en todo. Que lo peor de las decisiones dolorosas no es tomarlas, sino asumirlas. Que la verdad nos hace más libres. Que la libertad nos hace más francos. Que nunca se gana a las dos manos. Que la vida cobra hasta lo que regala. Que nos gusta gustar. Que tan pendejos somos que en las tardes de invierno añoramos playa y cerveza fría; y en los mediodías de julio, sofá y té caliente. Que sentarse a esperar tiempos mejores es tirar el presente por la borda. Que la tibieza se esconde. Que las mujeres son como el agua. Que los niños no mienten.

Que siempre queda algo por decir…

“Palabra de Borracho” (O “cómo unos añejos te hacen hablar más inglés del que creías saber, y pensar que puedes jugar a ser Oscar Niemeyer)

Cosas que pasan cuando dos personas de diferentes latitudes coinciden en una misma ciudad tras haber pasado un año mas o menos igual de cabrón. Porque a veces uno se siente más cerca de la gente que tiene un pasado, aunque sea jodido, que de quienes no tienen nada que recordar. Ya Alex Webb le justificó a Alan Morgado su repentina cordialidad con que “después de la tercera ronda, todo el mundo es cuate”. Yo, que nunca en mi vida seré Alex Webb pero también lo he comprobado, suscribo.

Lo que sigue intenta ser la transcripción más a o menos fiel de lo que se [mal]dijo al filo de la medianoche de 2013 al comienzo de la segunda botella de Santiago añejo. Así que me declaro culpable de antemano por mis incontables abusos a la lengua del enemigo. (Mai inglich is not veri gud lukin, como dijera Celia Cruz advierto a modo de disclaimer) El texto pudo ser corregido, e incluso escrito bellamente en español, pero prefiero mantener la espontaneidad del momento a toda costa.

Anyway, el serbio me entendió de puta madre, palabra de borracho.

(…)

-“Two weeks ago, Bro? Let me tell you something: it gets worse. Now you feel devastated and bombed like Berlin at 1945. Next comes a period when you may think you are losing your mind. The world you used to know will disappear from one day to another, and everything will be out of sense. First, you´ll doubt about your perceptions, next your whole mental sanity. And you’ll cry, and you’ll miss her, and you’ll ask a thousand times why it is happening to you, because you gave all of you, and now you have nothing. And you´ll want to die, but the only thing that will prevent it is the hope of seeing her one more time. And then, my friend, you will feel like a piece of shit, because you know she is happy right now, and she is not thinking in you at all. Because she just turned the page with no regrets and right now she is sleeping with a guy who is not even a half of the human being you are. Because you are not what she needs: YOU ARE MORE THAN THAT. And you feel like a shit because she doesn’t understand, because her poor vision doesn’t allowed her to see the entire dimension of you. And you, for her, probably were no more than a teddy bear.

But the problem is not about understanding; the problem is about feelings which don’t exist anymore. Maybe she is not even closer to the best woman you ever had. But you didn’t care, because you were really in love, so you put all of you on her. But she wasn´t her, really: she was no more than the IDEA you made of her. AND THAT IS WHAT YOU ARE RESISTING TO ACCEPT. Finding the truth is easy bro, but accepting it is a pain in the ass. You bet for the wrong horse, my friend. Now you know.

So you need to forgive. But not to her, she doesn’t deserve your forgiving (actually, she doesn’t gives a shit) Matter of fact, she never fought for deserve anything of you. She was only the result of a bad choice with an unhappy ending. You have no valid charges against her. She just was herself: period. The only person you have to forgive, my friend, is yourself. Because there is not good or wrong really: just consequences of your actions.

So I told “Berlin” ¿right? Now you have no other choice: rebuild yourself as a city. First of all you need to clean ashes and rubble. It takes some time and you´ll not see advances in the first weeks. (Be advised: sometimes you´ll have to demolish some ruins that a year before used to be your favorite places.) But the changes will come, first slowly, and later you´ll see the cranes moving and buildings growing. You clear your streets for your feelings and thoughts can run free (alcohol is good for it, so you are doing it great). You need residential buildings: make place for the people who care about you: family and friends. Then, organize the government; you need to establish priorities for your next steps. Set yourself goals you can afford in short and long terms (climb a mountain, take lessons in salsa music, travel, and meet new people). Create facilities and try some basic consumer goods production, (in other words: get a job) because you need to feed your people, make money and have an occupation. Don’t forget schools, because the only good thing of the bad things that happened is the experiences they left behind. You have to take that knowledge and turn into wisdom. Healthcare: eat well, go to a gym, run, swim , do some yoga. Mens sana in corpore sano –I remind you you’re rebuilding a city-. Infrastructure: public transport, telephone, roads: you connect with yourself, and with the rest of the world around you. Then, it will be the moment to take a breath. The draft is done, now start with the colors: build parks, ponds, fountains, squares, plant some trees and take some rest. And finally, culture, my friend. Movies, theaters, dance, concerts, art galleries… And one of those days yo´ll realize you´ll be finally back.

At that point you might be aware of how much you´ve been invested on you. See how much the “land value” has risen, and how many people are now getting closer. And some of them even want to stay. Then you´ll be finally back to life and you´ll be better, even better than you used to be before the devastation.

Anyway, after months -or even years-, there will be some hidden bombs that fell with no detonation, and stills active. Those bombs usually explodes when children plays near, or some stupid gets too close around. In other words, you will never be absolutely immune.

Understood?

-Loud and clear.

-Another drink?

-Yeah man! To her?

-NO, Bro. To you!

-Cheers!

(…)

“La eternidad de un clic” (o “Abuelo Alla: ayer, ahora y siempre”)

Mirando la foto de arriba a abajo y de izquierda a derecha, como enseñan en la Academia de Arte: La ventana a la calle Masó, desde donde se ve el Estadio Latinoamericano a cuatro cuadras; el televisor NEC comprado –creo- que con los “chavitos” que daban a cambio del oro y la plata; las flores plásticas sobre el armario que llevan ahí (las flores, el armario) desde el bigbang; Una foto de abuelo y yo impresa y enmarcada, tomada en algún momento del año 92 o 93 por algún fotógrafo del PhotoService de Galiano, donde él trabajaba, y por donde correteaba yo cada verano entre máquinas de impresión, y recipientes de química fotográfica; la lámpara de noche color verde, condenada a la altura desde que convenientemente la alejaron del alcance de unos niños que ya tienen edad para ser padres de otros niños que podrían tener la misma edad de aquellos de cuyo alcance alejaron la lámpara de noche color verde.

A la izquierda otra vez, pero a media altura, el televisor APEX de tubo que sustituyó al NEC, para ver el béisbol y la telenovela (siempre me provocó una sonrisa la imagen de ver la pelota en la tele mientras en la ventana brillaban las torres del estadio), las flores plásticas sobre la cómoda que llevan ahí (las flores, la cómoda) desde el bigbang. Abuelo y yo, casi veinte años después de la foto del PhotoService, él mas flaco ahora, como si no hubiera pasado por 10 zafras yo con menos pelo, apuntándonos con el visor de mi queridísima y ya difunta Fuji X100, sentados sobre la misma cama donde nos leyó a mí y a Grettel tantas y tantas veces “La Urraca Aliblanca”.

DSCF6919_1

– Pipo, ¿esa camarita es la Smena 8 que yo te regalé?

– No abuelo, esta es un poquito más sofisticada. Pero sí, se parece un poquito.

– ¿Aquella Smena fue tu primera cámara, ¿verdad?

– Si viejo. Tú me la regalaste cuando todo el mundo me daba por loco el día me dio por la fotografía.

– Aquella costaba como 25 pesos.

– Ja! Esta cuesta como 1200.

– ¿Pesos?

– Dólares. A ver, mira para acá por el espejo.

– Cojones. Mil dosci[CLIC]ntos dólares.

– Pero la Smena la conservo aún. Esa es más importante que ésta.

– ¿Por qué?

– Porque me la regalaste tu.

– Más te vale.

Luego, más a la derecha, la almohada, tal vez la misma que yo apretaba de niño cuando Abuelo Alla me inyectaba las penicilinas no sin antes mentirme con que “esto es una picadita de mosquito”, luego la ventana a la avenida 20 de Mayo, desde donde solíamos panear la ciudad con sus prismáticos y mirar al público saliendo del estadio. Sobre la mesa de noche, la grabadora estéreo de Grettel que sustituyó a la doble casetera Crown (comprada –creo- que con los “chavitos” que daban a cambio del oro y la plata) y gracias a la cual la banda sonora de mis vacaciones fueron, (cara A, cara B, cara A, cara B…) Romance, de Luis Miguel, Por qué será de Rudy la Scala y el Oxígeno de Willy Chirino. En la parte inferior, finalmente la cómoda que sostiene al espejo, repleta siempre –cosas de viejos- de cosillas, medicinas, almanaques y papeles, y bajo cuyo cristal, irremediablemente adheridas por el tiempo y las humedades, las típicas fotos de carnet o de familia que nos tomamos alguna vez y a las que ya no nos parecemos tanto a los que fuimos. Una intrascendente milésima de segundo de nuestro paso por el mundo a donde a donde no volveremos nunca, donde nos quedaremos siempre.

CITY, STATE/COUNTRY - MONTH DAY YEAR -

Apuntes para soñarme una autobiografía: “Nombres Impropios” de Joaquín Sabina

No se puede afirmar
Que me engañaba cuando me mentía
Se llamaba Osadía
Y desde el primer día
Tuvo la cobardía de avisar
Quien tiene siete vidas
Y dos ojos de gata callejera
No se va con cualquiera
De su noche se espera
Un broche de promesas incumplidas
Mejor no equivocarse
No me pidas jamás lo que no doy
Ya sabes cómo soy y si quieres me voy
Dijo cuando acabo de desnudarse
Ya ves
Llegar a fin de mes
No era con ella asunto de dinero
Se trataba más bien de merecer
Un tren de pasajeros
El tsunami de un mar hecho mujer
Dispuesto en cada ola a renacer
Se llamaba Herejía
Cómo voy a saber
Si me engañaba cuando me mentía
Maestra en confundir
Al diablo y al rey de los altares
Me citaba en los bares
Con fuegos malabares
Y luego se olvidaba de acudir
La mañana y la tarde
Qué vaivén entre alarde y agonía
Todo lo confundía
Su swing, porque sabía
Mirar como un crepúsculo que arde
Callada por respuesta
Cuando jugué al dolor de corazón
Su boca era un buzón de voz sin
Compasión
Dormido hasta la hora de la siesta
Ya ves
Llegar a fin de mes
No era con ella asunto de intendencia
Se trataba más bien de comprender
La pura impertinencia
Del sol cuando se cansa de asombrar
Del mostrador a la hora de cerrar
Se llamaba ironía
Y no puedo jurar
Que me engañaba cuando me mentía
Ya ves
Llegar a fin de mes
No era firmar un parte de sucesos
Se trataba más bien de envejecer
Huérfano de sus besos
Con fantasmas que aprenden a crecer
Abrazos que se mueren por volver
Se llamaba utopía
Me gusta imaginar
Que me engañó cuando se despedía
Que me engañó cuando se despedía